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Expedición estudiará salud de los océanos a través del comportamiento de la ballena azul
Científicos de centros de investigación de Chile, EE.UU. e Inglaterra investigarán al mamífero más grande del planeta en los fiordos de la Patagonia chilena. El estudio, que contará con la más avanzada tecnología disponible, entregará información clave sobre las condiciones en que se encuentra el ecosistema marino.
Redacción, Diario El Divisadero - 17-02-2017

Un grupo de 14 científicos de Chile, Estados Unidos e Inglaterra participarán en una expedición para estudiar a las ballenas azules. La iniciativa, liderada por Fundación MERI, el centro de investigación internacional Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) y universidades, zarpó esta semana desde Dalcahue, Chiloé, y recorrerá el Golfo del Corcovado con el objetivo de estudiar a este mamífero, cuyo comportamiento permite determinar las condiciones en que se encuentra el ecosistema marino.

El grupo, que navegará en los navíos “Centinela” y “Khronos”, contará con la última tecnología disponible para realizar su trabajo.  Además de drones que registrarán la trayectoria de las ballenas, se utilizarán dispositivos de grabación de audio, video y registro 3D que se adhieren al animal. Con ellos, los científicos medirán las especies, recolectarán muestras de su biota con sus soplidos y tomarán fotografías aéreas para identificar cómo se mueven, por dónde y por qué.

“Las ballenas recorren los mares año tras año para alimentarse y reproducirse, siendo un fiel indicador de la salud del ecosistema de los océanos. Es decir, si las ballenas cambian su comportamiento (comunicación, desplazamiento, reproducción y alimentación), revelan que el océano está enfermo”, explica la doctora Paulina Bahamonde, una de las primeras mujeres en comandar un navío orientado a una investigación de este tipo.

La iniciativa cumple cuatro años de monitoreo, y esta? dando luces sobre cómo estos grandes animales están usando el hábitat en la Patagonia, cómo se comunican, interactúan con otros componentes biológicos y qué factores ambientales les afectan, entre ellos el cambio climático.

La expedición se enmarca en el proyecto de investigación “Ecología trófica y comportamiento de ballenas azules y otros cetáceos en el Golfo Corcovado, Chile”.

Durante el viaje -que recorrerá el Golfo del Corcovado y la Isla Guafo, límites de la Región Los Lagos y Aysén- se etiquetará a ballenas azules con dispositivos DTAG y CAT-TAG, que recopilan información de desplazamiento en 3D, grabaciones de los sonidos que escuchan y emiten, profundidad a la que nadan y temperatura del agua. Se realizarán fotografías aéreas y biopsias para obtener datos de identificación de especies, ver características específicas de los ejemplares y sus relaciones.

Además, se identificarán datos oceanográficos de los lugares de alimentación y sociabilización de estas ballenas, calculando la abundancia de esta especie, y se hará recolección de los soplidos, desde drones, para la caracterización de la microbiota del tracto respiratorio.

Y es que el cambio climático ha generado una serie de amenazas que obligan a observar los ecosistemas que se verán afectados por la variabilidad proyectada con el aumento en temperatura y disminución de precipitaciones. Estos cambios, afectan la dinámica de los nutrientes y, por tanto, se escoge como objeto de estudio a la ballena azul que se alimenta de un pequeño crustáceo (eufausido) parecido al krill, para observar estos frágiles equilibrios.  

“Queremos ayudar a generar conciencia de conservación, cuidado del océano y la relevancia del agua en el ciclo de la vida. El monitoreo permanente de una especie paragua del ecosistema marino permite generar propuestas de conservación y regulación en la zona, que no solo beneficien a las ballenas, sino que a todo el ecosistema marino”, señala la presidenta de la Fundación, Francisca Cortés Solari.

Para que este trabajo tenga éxito, se requiere de colaboración multidisciplinaria. Es por ello que en esta expedición participarán centros de investigación e instituciones académicas, como Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) -la mayor institución independiente de investigación oceanográfica de EE.UU.-, Smithsonian Institution y las universidades de Stanford, St. Andrews y Stony Brook de Nueva York, entre otras.

“En Fundación MERI trabajamos con socios chilenos y extranjeros con una inspiración similar, la de promover el cuidado de una zona única en el mundo, Patagonia, a través del entendimiento del vertebrado más grande que haya existido en la tierra, la ballena azul”, explica el doctor Gustavo Chiang, director científico de MERI.

Salud de los océanos

Los océanos ocupan tres cuartas partes del planeta; contienen el 97% del agua de la Tierra; representan el 99% del espacio vital del planeta por volumen; en ellos, hay cerca de 200 mil especies identificadas; son un aporte a la reducción del calentamiento global, dado que absorben el 30% del dióxido de carbono, y son la mayor fuente de proteínas del mundo.

Además, según datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el trabajo de más de tres mil millones de personas depende de la diversidad biológica marina y costera.

Sin embargo, pese a la relevancia de los océanos, estudios indican que el 66% de ellos están afectados por actividades humanas, las que generan contaminación, agotamiento de recursos pesqueros, pérdida de hábitats, etc. Así, información de la ONU señala que la biodiversidad de los mares se ha reducido un 40% en las últimas cuatro décadas. En ese mismo periodo, la mitad de los corales han desaparecido, al igual que un tercio de la flora marina.

Chile, no está exento de estos impactos. Si bien, el Índice de Salud General de los Océanos, estudio realizado a nivel global, señala que la biodiversidad marina nacional y su estado de conservación se encuentra en un nivel “bueno”, no pasa lo mismo con la provisión de alimento por las pesquerías y la acuicultura, lo que da cuenta de la sobreexplotación que enfrentan nuestras especies hidrobiológicas.

Fundación MERI trabaja para la conservación y el manejo sustentable de los ecosistemas terrestres, dulceacuícolas, marinos y el legado cultural de la Patagonia Norte. Para ello, no sólo monitorea anualmente el estado de la ballena azul, sino que mantiene la Reserva Natural Melimoyu (RNM), ubicada al norte de la región de Aysén.

Con 16 mil héctareas, la RNM se enmarca en los fiordos continentales del Golfo Corcovado y se encuentra entre otras siete áreas protegidas del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado. El área marina costera que circunda a la reserva ha sido identificada como una zona de alto valor para la conservación la que debe ser protegida con alta urgencia, según la iniciativa Global 200 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Banco Mundial.

Esta zona es vulnerable debido a los impactos derivados de la industria acuícola, la caza ilegal de lobos marinos, el enmallamiento de cetáceos y aves marinas, la sobrepesca, las actividades turísticas no reguladas y el tráfico marítimo.

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