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La percepción ciudadana sobre el costo de la vida
Redacción, Diario El Divisadero - 09-01-2017

Aún persiste en la comunidad una sensación de molestia por el estudio realizado por el INE y que atribuyó a Coyhaique, desde una interpretación ciudadana, la calificación de ser una ciudad con un costo de vida normal, sin reconocer que más allá de la lógica numérica o estadística, la realidad es muy distinta.

Y es que la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de Aysén desconoce los factores (porque son varios), pero sí se han dado cuenta que se ha elevado de manera considerable el costo de la vida en una zona donde esa variable sí que influye en todo ámbito del presupuesto familiar.

Por años la región de Aysén ha sido un territorio donde las cosas cuestan mucho más y no es casual que el propio Estado reconozca que el costo de la vida en esta parte del país es significativamente mayor a otros lugares del territorio nacional continental. Servicios básicos como agua potable, suministro eléctrico, gas y combustibles, y alimentos de primera necesidad como abarrotes y hortalizas, frutas y verduras, son el ejemplo más tangible y cotidiano de esta carestía.

Y al interior de la región se produce el mismo efecto, porque vivir en Coyhaique o Puerto Aysén no es lo mismo que hacerlo en Cochrane, Tortel, Villa O’Higgins u otros poblados. Es entonces un buen momento para que las familias analicen sus presupuestos y prioridades y puedan definir o concluir de la manera más objetiva posible, cómo les afecta la contingencia económica.

En nuestra región, por ejemplo, somos testigos a diario del impacto que genera nuestra lejanía de los principales centros productores y que transforman el factor flete en un ítem relevante en el costo final de los productos de primera necesidad. Como vemos, hay sobradas razones para que las familias se preocupen de invertir muy bien sus ingresos desde ya, de modo de resistir mejor en caso de sobrevenir algún período más apretado.

Quizás la costumbre ha curtido a muchos y muchas y hoy, más que esperar subsidios o ayudas, todo indica que el camino para revertir esta evidente desigualdad colectiva, es establecer alianzas ciudadanas y empresariales para que esta realidad sea sobrellevada de mejor manera, poniendo en valor también que vivir en Aysén no es lo mismo que hacerlo en Santiago o Concepción, porque acá el concepto de calidad de vida es diferente y claramente más tangible que en el resto del país.

Otros sostienen que con una buena conectividad terrestre y marítima, sumado al rol subsidiario del Estado, podrían rebajarse varios costos asociados al flete e iniciar así un camino de mayor competitividad y de evidente impacto positivo en los consumidores. Todo parece sumar cuando se trata de aportar a la solución de lo que los entendidos denominan “problemas endémicos” del desarrollo regional. Otros lo llaman “cuellos de botella”, pero más allá de la denominación formal que se les dé, son objetivamente, dificultades que hacen más complejo y lento el progreso que todos los aiseninos/as anhelan, en algo tan doméstico o básico, como el costo de la vida.

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