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Gomeros de la región
Columnista, Colaborador - 01-02-2017

¿Quiénes son los gomeros? ¿Los que parchan las gomas? Son los que ha golpes de combo con el martillo grande y firme de metal, desmontan los neumáticos y sacan las gomas dañadas.

En la fuerza de sus brazos me detengo…brazos llenos de músculos forjados a pulso de trabajo desde la niñez levantando grandes ruedas, tomando herramientas pesadas de fierro que fueron esculpiendo la carne de sus cuerpos transformándolos en músculos firmes, verdaderos y macerados en el tiempo. Desde niña admiro el trabajo de estos humanos envueltos con el perfume de petróleo y bencina, los veía trabajar y los sigo viendo en sus talleres, tan fuertes y alegres, tanta gente llega son amigos y amigas tan conocidos, queridos y respetados por su trabajo.

Eso lo veía antes y lo veo  hoy, parecen autoridades, arreglan todo tipo de gomas, recuerdo la sonrisa que pintaban a los niños cuando arreglaban sus bicicletas, nunca cobraron un peso a los niños solo les pedían que cuando los vean en la calle los saludaran. La vida en el taller es tan liviana como las hojas que caen en invierno, liviana como los copos de nieve, liviana como la brisa fresca de un verano…así lo sentía yo cuando niña igual se toma mate, se cuentan chistes, se cuentan rutinas del día, se arregla el mundo aun cuando el trabajo es pesado, se disfruta, una galería de fotos de mujeres hermosas pegadas en las paredes color carbón y olor a humo esperan para ser vistas por los clientes, los recuerdos cuelgan de las mismas paredes.

En el taller no hay jefes son amigos y hermanos, hombres fornidos, de piel dura, de manos grandes, hombres pintados de goma  perfumados de aceite y petróleo, hombres resistentes al frio y al calor sonriéndoles a la vida orgullosos de su trabajo sus bases de auto capacitarse los mantiene vigentes es un trabajo no mezquino, entregado de generación en generación.

Desmontando, parchando, ayudando en panas pequeñas y sacando sonrisas a sus clientes mujeres, hombres y niños con sus diálogos improvisados en el escenario de sus talleres con palabras nuevas que fueron inventadas por ellos, los hombres de las gomas con sus rostros pintados con aceite de motores entre fierros rebeldes aparecen en escena cada día.

Las gomas son su oficio nadie sabe mejor que ellos encontrar donde pierde aire el neumático como se desmonta y donde está la maña de la rueda… llegan nuevas máquinas y tecnologías.

Pero, el  gomero usa su fuerza y precisión…como dicen ellos a pulso es mejor, se siente la perdida de aire se encuentra el pinchón…siempre con una talla, sonriendo a sus clientes.

Los perros de la calle saben que los gomeros les tienen cariño, que algo le guardan siempre, que se tiran unos pedazos de carnes en la parrilla improvisada, es un tacho grande que les sirve en invierno para calentar el cuerpo, los animalitos son ángeles que siempre acompañan al gomero en su trabajo… llegan sus invitados hombres y mujeres los he visto conversando con los tíos de la calle, los he visto riendo, escuchándolos, mirándose y compartiendo un pan…en el taller no se discrimina a nadie, de igual forma he visto a hombres y mujeres bien vestidos, perfumados, en autos grandes que pinchan igual que los autos chicos y siempre he visto la misma sonrisa en sus rostros pintados.

Escribir de estos hombres me llena de orgullo, me detengo en uno de ellos, el más fornido, el que nunca envejece, el que tiene los brazos más fuertes. Su nombre es Pedro, algunos le llaman “peyo”, en el taller lo conocen como “peterete” es tan conocido como cualquier autoridad. La gomería se llama El Chapulín, el ramillete de hombres que trabajan en este lugar son terapia pura del día todo, el que llega a arreglar las gomas sale con una sonrisa son terapeutas innatos les solucionan problemas a la gente, cuando entregan el trabajo terminado las personas se sienten felices los gomeros son tan necesarios como todos los oficios aprendidos por la necesidad de aprender, los veo en sus talleres con la sonrisa dispuesta, con la tranquilidad de sus miradas, con sus grandes manos golpeando las llantas para separarlas del neumático y sacar la goma con la herida abierta por donde se pierde el aire.

Los veo en tiempos de antes y los veo hoy con la misma admiración, gente honesta en su trabajo, gente de esta tierra, gente buena y sonriente, hombres macerados en el tiempo, hombres perfumados de petróleo y bencina hombres que son hijos, padres y abuelos, hombres de trabajo fuerte…con mucho cariño a los gomeros que conozco desde niña taller el genio, taller el chino, taller El Chapulín y a todos los gomeros de la región.

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