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De aisenismos y campañas políticas
Jonathan Hechenleitner Riffo (presidente) y Miriam Chible Contreras (secretaria general) Partido Somos Aysén
Columnista, Colaborador - 06-02-2017

Con cierta desazón, y hasta como un desacierto populista, vemos cómo candidatos foráneos vienen a instalar tiendas de campaña política en la apetecida región de Aisén (sí, el uso de la “y” o “i” está aún en plena discusión).

Como siguiendo la vorágine de la misticidad que envuelve al visitante y con el soporte mediático de los representantes de su partido en la región, vemos cómo se arriman algunos a estos pagos para postular a cargos de representación regional, sin tener ni el mínimo mérito para ser una voz, un sentir o un referente dentro de la comunidad aisenina.

Aunque había otros tanteando ese espacio, ya Camilo Escalona y Marcelo Díaz (ambos del PS) tomaron curso para su campaña con el objetivo de ir como senadores por nuestra tierra. Y ya han comenzado la búsqueda de insumos para un programa.

¿Cómo, entonces, entender, digerir lo que se vende como descentralización, si los poderes fácticos instalados acá nos traen estos personajes de afuera? Sin la necesidad de ahondar, particularmente, en la alicaída imagen política de Escalona, es necesario pensar y validar internamente qué esperamos de una real descentralización y a qué aspiramos, como aiseninos o avecindados, de este proceso.

Primero que todo, resta validez cualquier diagnóstico express que haga un candidato forzando un enraizamiento local que no tiene y nunca tendrá. ¿Por qué? Porque las diversas situaciones atendibles para la región tienen larga data de aciertos y tropiezos que es necesario conocer en el tiempo, matizar con la cultura, los resguardos identitarios y las expectativas de los pobladores. Algo nada improvisable si no se conoce este terruño y litoral desde dentro.

El caso de los candidatos en curso no es ejemplo único. Hay simbolismos que también se encuentran en otros espacios.

La Estrategia de Desarrollo Regional es hoy por hoy un aporte al ser directriz para el destino de la región, acogiendo trazos de sustentabilidad, que han sido una lucha de los aiseninos en los últimos años.  Sin embargo, en algunos momentos denota cierto intelecto citadino forjando futuro para una región de la que partirá cuando se ponga adverso o poco auspicioso el panorama.   El más notorio son las figuras de unos selknam, que a algún afuerino iluminado se le ocurrió algo tenían que ver con Aisén. O sus contenidos donde no se vislumbran acciones muy claras en pos de la identidad ni sopesa el mundo rural dentro de los aspectos del desarrollo.  ¿Será que cobija un paradigma donde el “desarrollo” solo es económico?

Estos ejemplos de estilo de descentralismo documental no sirven. Ni tampoco aquel de campaña, que embandera devoción por el territorio, persiguiendo los votos, cuando en realidad el olor a capón y el humo es más un gaje de la politiquería que adhesión al sentir comunitario.

Como partido Somos Aysén arraigado y construido en esta tierra, tenemos serios cuestionamientos sobre la forma de hacer política con las regiones en un supuesto afán regionalista-descentralizador. Creemos que la construcción social esperable para nuestra región debe levantarse desde las comunidades, con sus miembros representativos, con consideraciones históricas y culturales, mirando al futuro pero con ese cordón umbilical de nuestra naturaleza aisenina, nuestra geografía humana tan potente y dispersa en la amplitud de este trozo de Patagonia.

Es tal uno de los motivos por los cuales estamos avanzando en la constitución de una Federación Regionalista Verde Social, porque creemos en la democracia territorial y la necesidad de un nuevo pacto socioambiental.  Porque, sabemos, esta práctica no es exclusiva de Aisén ni de esta época. La hemos sufrido antes (algunos legisladores, autoridades e incluso empresarios son ejemplo de que cuando la vaca ya no dio leche, simplemente se fueron). Lógica que se repite en otros territorios de Chile también.

Decirle a los señores Escalona y Díaz, y a todos quienes luego de una epifanía político filantrópica le nazca un repentino amor por Aisén, su pasado, presente y futuro, que este despliegue de factores diagnóstico -vivencias, espacios y aspectos generacionales- no se puede improvisar ni conocer en semanas y que nadie les va a enseñar cuantos son tres pares de botas para que profite de ello.

Porque, es preciso entender, Aisén no es ni será nunca un botín, un trampolín ni una despensa.  Es el lugar donde construir los sueños de quienes en esta tierra vivimos.

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