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La Política de la PosVerdad
Jorge Calderón Núñez, Sociólogo
Columnista, Colaborador - 17-02-2017

La dinámica social hace que el mundo, tal como lo conocemos hoy, sea distinto al que conocerán nuestros hijos y nietos, y en ese mismo sentido, distinto al que conocieron nuestros padres y abuelos.

En el algún momento de la historia de la humanidad, lo mágico fue superado por la razón. Desde entonces la realidad ha sido explicada en base a sólidos argumentos que nos han permitido desarrollarnos como sociedad, mantener relaciones sociales en base a una realidad construida con apego a la verdad fundamentada en la razón.

El presente está en constante reordenamiento, el futuro será distinto, pero hay cosas que son inmutables, que no cambian, o al menos pensábamos que no deberían cambiar y que eran fácilmente predecibles.

Sin embargo, hace algunos años, se ha ido instalado una forma de ser y hacer que está dejando "offside" a políticos, medios de prensa, filósofos y gobernantes. Se trata de la PosVerdad.

La PosVerdad, como concepto, fue acuñado por, David Roberts, quien se refería a los políticos que negaban el cambio climático, pese a toda la evidencia científica que existía al respecto. 

La Universidad de Oxford ha definido la PosVerdad como el fenómeno que se produce cuando "los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales".

Podemos entender entonces que hoy en día, el "siento que", tiene mayor poder respecto del "pienso que"? o el "sé qué"?. En definitiva "Mi opinión vale más que los hechos".

A nivel mundial, ejemplos como la elección de Trump o el Brexit también ha sido vistas como resultados de la Posverdad, donde se deposita una confianza casi inapelable en afirmaciones que se “sienten como verdad”, pero que objetivamente no se fundan en la realidad.

Hay quienes señalan que los políticos han tenido siempre una relación peculiar con la verdad. Pero una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos.

La PosVerdad aparece entonces como una táctica, una manera de enfocar la relación con los ciudadanos en la que se dice, se reafirma y se mantiene  algo que puede ser absolutamente mentira, sin que eso tenga la menor relevancia.

El fenómeno de la PosVerdad tendrá enorme relevancia en nuestro país durante el presente año, un año electoral por excelencia, donde pese a que algunos crean o sientan que da lo mismo quien gane las elecciones, lo que está en juego es ni más ni menos que los destinos de nuestro país y la forma en que nos desarrollamos como sociedad.

Quienes estamos convencidos que la política debe dignificarse, tenemos la obligación de ser promotores de la verdad como principio rector en nuestra relación con los otros, en donde la ética y la probidad, en todo orden de cosas, y con mayor fuerza en la cosa pública, más que un valor, sea una obligación.

El riesgo de no hacerlo, es que cualquier persona que no esté empoderada cívicamente, resulta campo fértil para caudillismos y populismos que se construyen más desde la suposición que desde la confirmación; y que para ganar espacio rápido, da lo mismo si algo es verdadero o no, lo importante es que una buena parte del auditorio “lo sienta” o “lo crea”. 

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