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Amar en tiempos de desapego. Prosa de verano
Carmen Gloria Parés Fuentes, Columnista - 17-02-2017

Ayayay, amigos y amigas de estos “diarios libres” que nos traen voces remotas de los lugares más bellos y frágiles. Decía Carlos Franz hace varios años, Escritor, en una entrevista radial de Feria del Libro y a propósito de una nueva novela que lanzaba en la misma, que las mujeres cuando sufren, sufren como perras.

No imaginan cuánto me he acordado de Franz este verano interminable. Imagina nadie o alguien allá cuándo toca fondo un sentimiento, o más bien su sufrimiento, su enfermedad, su distorsión…cuánto, cuándo, cómo, hasta cuándo, hasta cuánto ¿es lúcido sufrir?

Morir de amor por dentro, canta aún Miguel Bosé, él no murió, siguió vivo y creando. Juan Gabriel, un cebolleta de tomo y lomo, de lindas canciones, seguro sufrió y se le fue al cuerpo la ansiedad. Varios y muchas dicen que pasa con el tiempo,  alguna más escasa por ahí que ha sobrevivido a la muerte de su pareja, dice que pasará, que la pena pasará, que se supera, que tres meses, que un año, ¿cuánto? ¿Hay algún límite legal, hay alguna prescripción psicológica que nos haga saber que si pasas de ese tiempo prudente se torna peligroso, se hace una enfermedad? ¡Te vas al loquero!

Beckett, Samuel, Irlandés de Premio NOBEL, que ya estaba medio loco con su literatura, escribió una maravilla hermética llamada RUMBO A PEOR.  Pocos la tragan, poquísimos la leen y para mí releerla ha sido o fue los primeros días un bálsamo de autoayuda no denigrante, patético sí, en el sentido más fiel de Patético: adjetivo “Que denota gran angustia o padecimiento moral, capaces de conmover profundamente y agitar el ánimo con violencia”.

No bastaba con tener un plan de escribir más o derechamente escribir durante este 2017. La vida con toda su batería de díscolocidades se encarga de ponerle pimienta y comino a la olla, leña al fuego, sal a la herida. Y así, desde dentro de un caleidoscopio de 45 años, trato de armar poco a poco el puzle de 1000 piezas en el que siento que se fragmentó mi vida. Cuántas me entenderán dichosas de haber superado esto y aún más jóvenes allá por los pagos. Cuántos sabrán que un amor, a veces uno, no perdona. Y cuántos estarán moviendo su cabecita otra vez pensando que estas cosas no son importantes, no son para un DIARIO.

Durante el año pasado, del cual yo repetí como lora era el año de la verdad, el fin de las mentiras y bla bla bla esotérica en la que me costará de nuevo creer sin derramar una lágrima, comencé a leer en los últimos meses -y aún lo hago- Veneno de Escorpión Azul, de Gonzalo Millán, justo cuando se cumplían 10 años de escrito. Un libro raro, único, bello y doliente como una muela que no te deja en paz.

Conmovedora es la forma en que este POETA diagnosticado de Cáncer va dejando registro en verso y prosa de todo su ser. Enrique Lihn, mi poeta preferido de Chile, padeció la enfermedad que lo condenó a muerte, de la misma forma mucho tiempo antes que Millán y así nos legó Diario de Muerte. Ambos poetas, ay, ambos poetas de tanta sensibilidad redimen por sí mismos a tropas de hombres brutos e insensibles alojados en todas partes del mundo. También a algunas mujeres.

La Literatura, la buena y la mala, está llena de dolor, de despecho, de lejanía, de melancolía, de sufrimiento por toneladas, más que el revés de ello que sería el amor en su esplendor y variedad, la alegría, la compenetración de los sentimientos y los decires, etc, etc. Qué sé yo de todo eso hoy, nada.

Pero siendo un gran aliciente todo esto para escribir, créame, algo que purifica hasta la vena más sucia de caldo infectado, preferiría como dice SILVIO, al que debieron darle el NOBEL que le dieron a Dylan, antes al menos, preferiría UN RABO DE NUBE QUE SE LLEVARA LO FEO y nos dejara el querube, un barredor de tristezas, un aguacero en venganza, que cuando escampe parezca nuestra esperanza.

Esta es porque sí, por cumplirle a usted que lee y por mí. La próxima espero pueda leer algo menos autorreferente (que siempre irrita a algun@s)  más importante, nada de político pero sí más importante. Pero créame, que a la hora de los quiubos, para nadie hay cosa más importante que esta de amar y ser amado-a. ¿O sí?

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