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Obligación de desarrollo sustentable
Roxana Pey Tumanoff, Columnista - 19-05-2017

Estamos permanentemente sometidos a tensiones que provienen de amenazas al medio ambiente porque nuestra Región de Aysén, aislada pero abierta, tan prodigiosa y generosa en su naturaleza,  resulta muy atractiva para los que quieren visitarla o, quieren explotarla. Y también porque quienes la habitamos requerimos sostenernos y en esto, podemos llegar a abusar del medioambiente más allá de lo prudente.

Durante el Siglo XX, a punta de catástrofes que parecen no habernos dado las lecciones suficientes, aprendimos que el planeta es finito, que todas sus partes están relacionadas y que el hombre puede desequilibrar los ecosistemas irreversiblemente. Nos parecía inofensivo evacuar los desechos industriales al supuestamente amplio e inagotable océano o a la engañosa inmensidad de la atmósfera! Pero ahora que ya la hemos modificado, sabemos que la Naturaleza no es aquello dado, permanente e invariante. Tanto así, que el cambio climático ha pasado de ser una amenaza apocalíptica a constituirse en una realidad que nos interpela y exige.

Si antes la Naturaleza no era un objeto de responsabilidad humana y nos dedicábamos a su contemplación y uso aplicando solamente la “inteligencia” para inventar cómo dominarla, ahora sabemos que es un deber cuidarla y actuar éticamente. La ética relacionada con el medioambiente es la ética de la responsabilidad; responsabilidad con el futuro que abarca ineludible y urgentemente la dimensión política: ¿cómo se toman las decisiones, con qué criterios y mecanismos, cómo analizar sus consecuencias en el corto, mediano y largo plazo? Son preguntas que debemos responder individual y colectivamente.

Nos regulan leyes pero sabemos que estas no son suficientes ni están a la altura del problema. La inventiva humana, la búsqueda de la “felicidad” y a veces la necesidad, nos lleva a sobre explotar y depredar el medioambiente más rápido que la creación de regulaciones, sea por la demora de los procesos legislativos o por los conflictos de interés que intencional y solapadamente los retardan.

Estamos conminados a ser conscientes de los problemas y de las consecuencias de nuestras acciones antes de que sea demasiado tarde, a seguir las normas pero también, anticiparnos a las nuevas normas y en esto son fundamentales los mecanismos de participación social que podemos ir perfeccionando y profundizando en esta sociedad democrática a la que todos y todas contribuimos, por acción o por omisión.

El equilibrio entre el cuidado del medioambiente con una conducta que no lo destruya y al mismo tiempo la posibilidad de acoger la vida humana digna en ese mismo medioambiente es lo que llamamos desarrollo sustentable. Se trata de hacer compatible en un modelo de desarrollo económico la conservación del medio ambiente con la equidad social. No se trata el desarrollo sustentable de poner fuera de la ecuación a los humanos, a los pobladores, a los campesinos sino que todo lo contrario, posibilitar su existencia. Porque, nadie protege y quiere más a la tierra que aquel que la trabaja, los que nacieron, crecieron y tienen ahí a sus muertos, que aman a cada árbol y a cada animal. Pero hay que asegurarles un sustento adecuado para una vida digna que les permita adoptar las conductas de desarrollo sustentable.

Los aiseninos/as debemos resolver cómo haremos para mejorar la calidad de vida y asegurarles el sustento digno de todos los habitantes de estas duras tierras. Pero sería irresponsable con nuestros hijos e hijas hacerlo destruyendo desprevenidamente nuestra región o peor, permitiendo que vengan otros a destruirla con la promesa de crear trabajo. Hemos conocido varias iniciativas o intentos de iniciativas que son preocupantes y requieren de mayores evaluaciones y consultas ciudadanas. Explotación de turberas, extracción de glaciares, tala de bosques, instalación de industrias contaminantes o perturbadoras de sistemas ecológicos, incluso megaproyectos que consideran apertura de canales artificiales o la intervención de los delicados sistemas hídricos, son algunos de ellos.

Por la conservación del medioambiente aún prístino, la reserva de vida, el turismo culto y sustentable, sabremos cómo actuar colectiva y responsablemente.

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