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Desarrollo y la dispar realidad de las comunas de la región
Redacción, Diario El Divisadero - 15-07-2017

La Región de Aysén día a día se debate en una encrucijada que tiene que ver con aspectos demográficos, pero también de disponibilidad de servicios, adelantos y otros objetivos que la comunidad asocia al desarrollo. Las consideraciones de los gobiernos generalmente provocan una discriminación negativa hacia la región, que por su escasa población y gran dispersión geográfica, simplemente no califica para muchas variables que el propio Estado impone para optar a determinados proyectos financiados con recursos públicos.

Esta realidad ha generado un centralismo interno que concentra todo en Coyhaique y Aysén, y deja a las restantes 8 comunas del territorio, supeditadas a un modelo de desarrollo muy perverso, donde los recursos se obtienen casi implorando ayuda del Estado y apelando generalmente a variables que oscilan entre lo nacionalista o la idea fuerza de sentirse doblemente chileno.

Por eso es muy importante contar con autoridades que se preocupen de un desarrollo social integrado, en beneficio de la calidad de vida y comencemos entre todos a pensar en un crecimiento que considere variables más humanas y menos numéricas. Tortel, Río Ibáñez, Melinka, Lago Verde, Cisnes, Villa O’Higgins, Cochrane y Chile Chico, son comunas pequeñas que tratan permanentemente de lograr ser consideradas por los planes de inversión gubernamentales. Son municipios que con mucho ingenio y gestión intentan generar iniciativas que generen progreso para sus habitantes, opero siempre les cuesta, no tienen un staff de profesionales para poder gestar más proyectos, no cuentan a veces con lo básico para poder funcionar, pero el sello de sus alcaldes, más allá de sus tendencias políticas, se sustenta en la necesidad de no perderse en la maraña burocrática y pese a las dificultades que encuentran en la búsqueda de inversión fiscal, están siempre luchando y abogando por no quedar a la deriva.

En cambio Coyhaique y Aysén son comunas más grandes y pobladas, que aún cuando tienen dificultades, logran calificar para muchísimas más vías de financiamiento relacionadas con población, y han logrado instalar en el debate ciudadano, la necesidad de potenciar los gobiernos comunales con un sentido de equidad y solidaridad, donde el más grande apoya al más chico, pero también buscando alianzas con municipios de otras regiones del país que puedan cooperar y potenciar el desarrollo comunal.

Es compleja la realidad que enfrentan los municipios de Aysén, y además en algunos casos, dificulta aún más su realidad, una división político-administrativa obsoleta, que genera distorsiones en la realidad local. En la zona norte de Aysén hay ejemplos variados, La Junta y Puyuhuapi hace rato que deberían ser comuna y no depender de Cisnes, y Tapera y Amengual dejar de pertenecer a Lago Verde e integrarse a jurisdicción de Cisnes, por su cercanía y conectividad. Hay varios ejemplos que podríamos dar, tanto en el sector como sur de la región, y validar la necesidad de reestructurar el mapa regional a nivel comunal y provincial.

Quizás ese simple ejercicio sea el punto de partida para poder pensar en una nueva etapa del desarrollo de las comunas, menos dependiente de factores ajenos o externos a la realidad local, y más vinculados a la idiosincrasia de sus habitantes, de sus vocaciones y potencialidades productivas.

Hay mucho que hacer, pero se requiere voluntad política real para avanzar, aunque sea un poco, en un tema que definitivamente atenta contra el desarrollo de las comunas de Aysén.

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