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La desconfianza pública debilita la democracia
Redacción, Diario El Divisadero - 10-10-2017

En momentos tensos como los que vive nuestro país, ciertamente es cuando más se requiere que las buenas intenciones y el sentido común se pongan en valor. Es el instante de velar colectivamente por los intereses superiores de la región, por el bien común y dejar de lado las disputas, las polémicas, las defensas corporativas, los ideologismos.

Hay que ponerse a trabajar y a actuar con una clara conciencia regional y considerando las múltiples necesidades del territorio y sus habitantes. Claro que sin dejar en la impunidad ni menos en el olvido todos aquellos problemas, de la índole que sea, que han instalado en la región y en Chile una fuerte desconfianza ciudadana. Algunos expertos la denominan fe pública, y sea cual sea la mejor denominación, lo real es que en el país efectivamente se instaló una actitud sumamente crítica y lejana entre ciudadanía, autoridades, políticos y empresarios.

Sin embargo, no nos podemos perder en debates estériles, menos dejar que los efectos de los intereses políticos, sean del bando que sean, permeen la gestión del Gobierno, ya que hoy más que nunca se requiere afianzar los lazos de cooperación y coordinación entre el sector público y privado, para gestar alianzas potentes que generen un mayor desarrollo y principalmente, certidumbre social. En la medida que la ciudadanía vea señales potentes de honestidad, se irá recuperando esa confianza hoy tan extraviada.

No solo debemos circunscribir esta crisis o complejo momento al tema político, porque sus aristas van mucho más allá. Lo valórico y lo ético también son aspectos relevantes que son el foco de atención de la comunidad, por lo tanto se deben resaltar y priorizar como variables fundamentales de una sociedad sana y empoderada.

Hemos sostenido en reiteradas ocasiones que en Aysén se necesitan señales de unidad concretas, tan concretas y necesarias, que provoquen una verdadera reacción social y no se transformen en decorativas frases demagógicas que en nada contribuyen a conquistar los anhelos que tienen los aiseninos y aiseninas.

En muchas oportunidades hemos señalado que la idea de asociarse para emprender los desafíos del futuro no es tan descabellada, Gobierno y Oposición, con respeto y tolerancia, poniendo en valor los intereses superiores del territorio y de sus habitantes y relegando los insumos ideológicos que sustentan sus postulados.

La gente de Aysén quiere ver señales contundentes de trabajo mancomunado, de equidad e igualdad, quien un Gobierno atendiendo las demandas de la ciudadanía sin importar el color político del alcalde que dirige tal o cual comuna.

La gente quiere ver inversión y progreso en la pequeña localidad y en la gran ciudad, quiere creer que la distribución de la inversión pública es efectivamente equitativa y no una apuesta guiada por la afinidad ideológica de la administración de turno con los ediles.

Creemos que hoy más que nunca se deben sentar precedentes sólidos y perceptibles por la ciudadanía para creer que otro Aysén es posible, con el slogan que sea, con el conglomerado político que administre, pero priorizar el desarrollo armónico de las personas y del territorio, no de tal o cual alianza política.

Y aún cuando parece ser un camino difícil de encontrar, hay que seguir buscándolo por el bien de Aysén y de quienes habitan acá. Desde las autoridades faltan señales claras, faltan acciones inclusivas e integradoras y muchas veces se pierden o desgastan respondiéndole políticamente a quienes se validan desde la Oposición.

El ejercicio es mostrar y demostrar, legitimar ante la comunidad las metas alcanzadas y reconocer con nobleza y sinceridad lo que no se ha podido atender. Cuando se habla de un gobierno de unidad nacional, pero vemos que las señales no tienen ninguna sintonía con esa premisa, la comunidad tiene el legítimo derecho a dudar, a no creer en estas arengas políticas, a seguir escépticos frente a una realidad que parece ser incapaz de generar auténticos cambios, desde el discurso hasta los más profundos. Cambios de ciertos paradigmas, cambios de actitud, cambios de lenguaje, cambios reales que generen convicción, que provoquen certidumbre social. Nuestra región tiene pretensiones de diversa índole, desafíos pendientes, pero creemos que con una mirada de futuro, con tolerancia y respeto, este territorio puede salir de su subdesarrollo y ser capaz, con su gente y sus autoridades, de poner en valor sus potencialidades y dejar de depender de decisiones adoptadas por quienes no conocen ni sienten la realidad local.

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