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El maestro Pedro Cristi Bravo
Erik Adio Maldonado - Administrador Público - Magister© en Comunicación Política
Columnista, Colaborador - 11-10-2017

Jean Webster publica en 1912, la novela “Papaito Piernas Largas”. En ella relata la odisea de Jerusha Abbot, una joven de 17 años que vive en un orfanato y que logra ir a la Universidad gracias al apoyo de él y que ella denominaba “Papaíto Piernas Largas”, debido a que ella solo conocía su sombra alargada que lograba ver de forma esporádica mientras él visitaba el orfanato. Ella escribía de forma semanal a su patrocinador, donde narraba su historia de crecimiento, tropiezo y desarrollo en la Universidad, y única condición que puso él para financiar sus estudios. 

Por qué hacer referencia a esta novela que leí hace bastantes años atrás. Esta referencia, tiene un significado profundo, aquel hombre que el día viernes 6 de octubre partió, ha sido parte importante de la vida de mi familia, de su formación y de su progreso; creo importante desde este espacio, poder dedicarle unas palabras, al que para mis hermanos y para mí era “Papaito Piernas Largas”, no lo veíamos, no hablamos con él, no lo visitábamos, pero siempre estuvo.  

Seguramente esta columna será una sorpresa para sus familiares, ya que con Don Pedro, como se le decía en mi familia, era una figura lejana, pero muy presente. La pregunta es qué puede lograr una persona que a distancia mantiene una especie de brazo acogedor y omnipresente. Esto era así, aquel hombre forjó a mi padre y, con ello, a toda una familia; las enseñanzas de vida, su concepción de lo ético, la profundidad de su verdad, su desapego a la mentira, su agudeza reflexiva, eran todas características a flor de piel, que él era capaz de demostrarte a primera vista. 

Este escrito no tiene por objeto caer en lugares comunes y ser una reflexión respecto a todas las personas que nos dejan, muy por el contrario, tiene como fin, poner en alto la generosidad de uno de los nuestros, un Aysenino de “tomo y lomo”. 

Recordaré, solo 3 de ellas, que creo tener la autorización para contarlas: 

Como todos los años llegaba la hora de pagar impuestos por las empresas que el mantenía; este régimen, que para él, siempre fue beneficioso para el empresariado, nunca dejaba de sorprenderlo. Pidió muchas veces revisar la contabilidad, pensando que se estaba pagando pocos impuestos. Mi padre me contaba lo feliz que era haciendo el cheque para pagar sus impuestos, no importando cual era el monto, señalaba la importancia y la contribución de esos recursos para las políticas de Estado, la educación, caminos, colegios, etc. Como ustedes reflexionaran, no conocemos empresario que dichosos paguen impuestos, menos que no intenten evadir lo más posible, o que hagas revisar la contabilidad para ver si lo que se había hecho estaba bien, creyendo que el monto está por debajo a lo que realmente ellos creen se debería pagar.  

Me tocó trabajar en una exportación de zarzaparrilla durante los veranos de los años 2008,2009, 2010. En todos estos procesos me encargué de los contratos de los y las trabajadores. En los cálculos incluíamos, ítems como gratificación legal, la cual no era necesaria que se pagara debido a la antigüedad y utilidades que aun la empresa no generaba, valores superiores por horas extras, bonos de locomoción, colación, producción, entre otros tantos. Todos valores que sobrepasaban con creces los mínimos establecidos. Cuando preguntaba, la referencia era, debes hacerlo de esta forma, a Don Pedro le gusta que sus trabajadores ganen lo que deben ganar, eso lo hace feliz. 

El año 2011 terminaba mi carrera de Administración Pública, con una deuda millonaria, acrecentada por la falta de Fondo Solidario y tres hermanos estudiábamos al mismo tiempo, esta deuda no me permitía titularme, de un día para otro, esa deuda estaba saldada y con ello pude recibir un título, que hasta el día de hoy me permite colocar en un pie de columna mi nombre y mis estudios.   

Si bien ninguno de nosotros es Jerusha Abbot, ni tampoco tuvo que vivir las carencias que vivió ella, pero es increíble la capacidad que pueden tener algunos de irradiar educación en valores, profunda reflexión y, con ello, formar desde sus trincheras. 

Qué duda cabe, Don Pedro Cristi Bravo, no solo tocó el corazón nuestro, seguramente tocó el corazón de muchos, que hoy solo le desean que en paz descanse. 

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