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La muerte de las encuestas electorales y el caballo pillado
Erik Adio Maldonado, Administrador Público, Magister© en Comunicación Política
Columnista, Colaborador - 06-12-2017

La caída de los instrumentos con los cuales tradicionalmente mediamos y pronosticábamos resultados, deja un vacío importante. Pareciera ser evidente que la relación entre factores inalterables, en un comienzo -número de votos, padrón histórico, niveles de participación- no dio cuenta de un nuevo sistema electoral, pero más que aquello, como el voto voluntario dinamiza los escenarios configurándolos como escasamente predecibles. 

Particularmente, no creo en la manipulación de los instrumentos, sobre todo cuando se entiende que casi en su totalidad desaciertan, independiente el mecanismos metodológico utilizado, pero más aún, teniendo en consideración que siempre para este tipo de centros, consultaras, universidades, empresas, fundaciones, etc. Hay mucho más en juego que una elección presidencial. 

Es en este sentido que es bueno observar el comportamiento del electorado, con holgura predictiva, que quiero decir con aquello, con antecedentes que si bien no son del todo lapidarios, suman a un análisis más general, y que por cierto, se dilucidará por completo el próximo domingo 17 de octubre. 

Teniendo presente lo anterior, la pregunta sería, cuán abierto se encuentra el escenario de segunda vuelta. La respuesta, si bien, sigue siendo incierta, no es menor que hay algunos indicativos que nos hacen elucubrar el escenario más complejo para Chile Vamos y Sebastián Piñera.  

El primero y más claro de ellos, es que el candidato de Chile Vamos (CHV) es primera vez que se mide ante un escenario de voto voluntario, en segunda vuelta y con un porcentaje bastante menor a lo proyectado por su comando, las encuestas y los expertos (36,64%) algo así como 2.417.216 votos, o sea, 1.173.966 votos menos de lo que le permitió convertirse en presidente el año 2009. Si bien, lo lógico sería pensar en una baja en la participación -las segundas vueltas son históricamente menos convocantes, con la excepción de la elección Lagos vs Lavín- la diferencia entre el primero y segundo no debería superar los 300 mil votos, tal y como se vivió en la elección Frei y Piñera del año 2009, o incluso, una elección tan estrecha como la del año 1999, donde se definió aproximadamente por un voto por urna (187.589 votos). 

En segundo término, ante la pregunta se pueden o no sumar los votos de la primera vuelta, según cuán lejos o cerca estén de uno u otro candidato. Es un ejercicio metodológico arriesgado, debido a que la volatilidad del voto voluntario, no tienes una serie (histórica) lo suficientemente amplia para realizar este tipo de análisis, aunque a simple vista, a partir de la relación, que se puede establecer en la última presidencial con voto voluntario, los votos obtenidos por Bachelet en términos porcentuales con sus competidores a fines (Ominami, Claude, Sfeir, Miranda, Israel y Holt) suman el 64%; mientras Bachelet obtuvo el 62,16% de los votos, para ese mismo ejercicio Evelin Matthei, cuando se le suman los votos de Parisi, aquí cabe mencionar la pugna constante de ambos comandos por capturar el epicentro del electorado de la centro derecha, se obtiene un 36% de los votos, mientras Matthei obtuvo 37,38%  de los votos. Como se puede apreciar los resultados no difieren en grandes porcentajes, muy por el contrario, son bastante estrechos. 

En tercer término, al realizar el mismo ejercicio para la actual elección. Las noticias para Piñera no son nada de alentadoras, ya que la sumatoria de los candidatos que se posicionan en la centro-izquierda e izquierda (Navarro, Goic, Ominami, Guillier, Sánchez, Artes) es de 55,43% de los votos, mientras la suma de la centro-derecha y la derecha es de 44,57% de los votos. 

Si bien, son escenarios distintos, resulta paradójico que Alejandro Guillier con un 22% de los votos en primera vuelta, este tan cerca de un candidato que pareciera ser que tenía una carrera corrida. Más aun, con los apoyos que sigue sumando Guillier, versus los desafortunados tropiezos de Piñera. Así veremos el próximo domingo 17 si el viejo proverbio del hipódromo se cumple “a caballo pillado…caballo ganado”. 

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