La traicionera nieve
Manuel Álvarez Lucero, Antropólogo - 30-06-2020

Todos la esperan con muchas ansias, con deseo, con pasión, y llega de improviso, de repente, silenciosamente, solo la precede un aire helado intenso, ese que cala los huesos, es la nieve, blanca y eterna, como la esperanza, que va cubriendo lentamente la tierra, las calles, las aceras, la basura, los techos, las casas, las poblaciones, los caminos y también los sentimientos, en este tiempo contagioso. Es bella la nieve.

Los caminos, las montañas y los cerros aledaños a la capital regional se cubrieron de hielo y escarchilla, en la ciudad las personas estaban atentas, esperando los copos majestuosos, soportando el frío,  luego cayeron pequeñas escarchillas  que se diluían en el pasto, como lagrimas bajo la lluvia, como los sueños que se desvanecen, pero todo se transformaba en agua y en barro, y luego en hielo y todo se hacía resbaladizo, luego fue quedando todo silenciosamente blanco.

Parece hermoso y romántico, que todo se cubra de blanco, que todo parezca más silencioso, sin los sonidos de los días comunes y corrientes, algo sagrado nos trae la nieve, una especie de paz espiritual, que tanto necesitamos en los difíciles y sentidos tiempos actuales, donde el ser humano busca  el verdadero sentido de la vida, de la felicidad e intenta seguir adelante, cueste lo que cueste, sobrevivir y sacando fuerzas de las circunstancias más difíciles.

Sin embargo, después del momento inicial de su llegada, la nieve se va acumulando, formando barreras, obstáculos y si luego baja extremadamente la temperatura y se viene la maligna escarcha, la nieve se va transformando en hielo, ya es más difícil que desaparezca y trae infinitos problemas para la circulación las personas y los vehículos, vienen caídas, fracturas y colisiones, resbalones de la vida y luego el barro y el frío y los resfriados y más encima el virus, los dolores de huesos y los que más sufren son siempre los mismos, los más pobres, los más vulnerables, los que viven en pequeñas mediaguas o en lejanas localidades.

Pero según los más antiguos, eso ocurría antes, metros de nieve por varios meses, sin embargo, ahora, con el cambio climático, el tiempo ha cambiado y en los últimos años, la nieve ha estado muy poco tiempo en las calles, su pronóstico es anunciado por las aplicaciones meteorológicas, pero igual llega de improviso, cuando menos la esperan, pero desaparece rápido, muy rápido, los monos de nieve no alcanzan durar demasiado, se derriten prontamente, igual como se nos pasa la vida y desaparecen, fugazmente, son solo un pequeño instante, y se van, como la nieve.

No importa el viento helado que cala los huesos, ni la resbalosa escarcha, ni la traicionera nieve, la Patagonia respira helado y se enfrenta estoicamente a los designios ancestrales y luminosos de este nuevo periodo de la naturaleza, donde aún tenemos que escribir varios capítulos más de esta mágica historia, que construimos todos juntos, dia a día, mate tras mate, café tras café, hasta que salga el sol, hasta la eternidad.

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