Quien no ha pasado una temporada en el infierno
Rodrigo De Los Reyes Recabarren, Abogado - 20-02-2021

Debo confesar que alguna vez sentí cierta molestia con el cura Berríos cuando poco antes de su viaje al África ardiente, en una entrevista que le hizo un medio nacional, en uno de los momentos más duros de la Gran Guerra Patria Regional contra la construcción de mega represas en Aysén, este sacerdote jesuita,  deslizó respuestas y frases a medio hilvanar en el sentido que quienes nos oponíamos a las represas estábamos equivocados porque las aguas había que utilizarlas porque se terminaban perdiendo ya que éstas iban a dar al mar.

Me sorprendieron y molestaron estas palabras e incluso escribí una columna sobre este tema. Cuantas veces habíamos escuchado esa simplona y básica afirmación “las aguas se pierden porque van a dar al mar”. Desinformación total, ignorancia del caudal ecológico, los ciclos de la vida de un río y su relación con las comunidades en su recorrido. Me sorprendió porqué en nuestra patagonia otro hombre de iglesia y fe, de convicciones férreas e inspiradoras, nos regalaba como un don “La Carta del Agua” Nunca supe que había pasado por la cabeza de Felipe Berríos para referirse a como lo hizo sobre los regalos de la naturaleza y Dios, que tenemos los hombres y mujeres en la tierra.

Pasó el tiempo y en 2010 los medios difundieron con cierta espectacularidad propia de los medios, que el sacerdote jesuita dejaba su importante y carismática labor como Capellán de “Un Techo para Chile” para irse a vivir al África en una suerte de auto exilio.  Del cura Berríos nunca más se supo.

Hace unos días buscaba algún canal de televisión que repitiera los goles del mundial cuando me detengo en un programa de TVN conducido por Juan Manuel Astorga, de nombre El Informante y veo a un Felipe Berríos, con una llamativa parka verde, conversando con un tono pausado y sereno propios de aquellos que regresan de una larga travesía no sólo física, sino, lo que es más importante, interior. Narraba sus vivencias en el Africa Ardiente y de su experiencia se desprendía que prácticamente nos hablaba un sobreviviente que regresaba de una temporada en el infierno. Contó denunciante la explotación que existe en africa. Algo sobre lo que el Ché ya se habìa referido en Naciones Unidas en su famoso discurso a la tricontinental.

Felipe Berríos, sacerdote jesuita, un cristiano en este neo circo, no vaciló para enfrentarse a las bestias y en un conmovedor y humanista analisis, desde su pespectiva de cristiano y católico, sin eludir las preguntas, que cual brazas, soltaba  un certero periodista, concluyó que el modelo económico está matando nuestra alma, que necesitamos reformas en la educación, que falta justicia social y que existe un fracaso de la jerarquìa católica por que “a los jóvenes les hemos mostrado un Dios tan rasca, insipido, que hace que los chiquillos prescindan de Dios, que no sea tema para ellos”. 

Para reflexionar. Formidable cura Felipe Berríos, te pusiste las sandalias de San Alberto Hurtado, el padre Hurtado!

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