Producción social del espacio: Espacio público versus espacio comunitario
Fernando Miranda Monsalve, arquitecto y dirigente del PC Aysén
Columnista, Colaborador - 22-02-2021

El querido Peter Hartmann otra vez denuncia el vil asesinato de un árbol en la plaza pentagonal de Coyhaique. Un árbol que tenía más de 50 años en el lugar, parece que tuvo la mala idea de moverse justo donde el profesional diseñó una acera. El árbol cuyas raíces crecen bajo la tierra tuvo la mala idea de dañar el nivel de la acera con sus raíces superficiales. 

Después de leer varios comentarios en defensa del árbol y otras en defensa del avance de proyectos de “modernización” de la plaza de armas, nos da la oportunidad de analizar este conflicto desde la crítica al modernismo.

Para el modernismo, el espacio público es un lugar privado, ¡vaya contradicción¡ Bueno específicamente, es un lugar distinto al espacio privado, pero de propiedad pública (estatal) dominio y uso público. En este caso, es el Estado el que define, a través de las instituciones públicas y funcionarios públicos, qué se puede hacer o no en el espacio público.  ¿Qué tiene que ver con nuestro árbol mártir?, ya iremos al punto.

Previo a los estados modernos, existían lugares, que por costumbre, pertenecían a toda la comunidad, (no al Estado, a la comunidad). En estos espacios llamados “comunes”, los reyes y señores feudales no podían ejercer dominio. En ellos a la comunidad se les permitía hacer todas las actividades que la misma comunidad definía por costumbre. En general, podían cazar, recoger frutos, madera, agua, combustible, alejar bestias salvajes etc. En estos espacios comunes cada individuo, que pertenecía a la comunidad, podía hacer uso y goce de los “comunes” para beneficio de su familia y la comunidad.

“Cada sociedad produce su espacio” (Henry Lefebvre), así la sociedad feudal produjo los “comunes”, de propiedad comunitaria y la sociedad moderna produjo “los espacios púbicos” de propiedad pública (estatal).

En estos espacios públicos modernos, solo se permite hacer lo que el Estado, a través de las instituciones públicas y funcionarios públicos permiten. Están prohibidos los actos públicos espontáneos, manifestaciones públicas, venta ambulante, cantantes y artistas callejeros, etc. 

Bueno, a nuestra vegetal víctima no le estaba permitido entorpecer una acera y menos dañar el prolijo nivel del cemento pulido, aun cuando este árbol haya hecho uso consuetudinario de ese lugar por más de 50 años. No se le permitió vivir y seguir siendo parte del imaginario colectivo de los coyhaiquinos, comunidad que en su defensa recordaba su sombra, el anidaje de bandurrias o alguna que otra travesura de los estudiantes que generación tras generación compartieron ese lugar. Lamentablemente, ese árbol ya no era parte de los espacios “comunes” y de la comunidad y pasó a ser parte de un “espacio público” y quedó al arbitrio de funcionarios públicos.

Así como hoy en Coyhaique se elimina un árbol por no obedecer a una planificación del espacio público, en otros espacios públicos se da muerte a artistas callejeros por no obedecer a funcionarios públicos, que deben velar para que en los espacios públicos solo se haga el uso que el Estado permite. 

En esta nueva Constitución, esperamos menos espacios públicos y más espacios comunitarios. Vivan los artistas callejeros, viva Francisco Martínez.

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