Bienes comunes y bienes nacionales en la Constitución
Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida - 07-04-2021

En los últimos días estuvimos de panelista invitado por la Universidad de Aysén en dos conversaciones; sobre Agua y sobre Medio Ambiente y la nueva Constitución. Y mientras pensábamos escribir acá sobre el tema del agua, la segunda conversación nos ha ampliado el horizonte hacia los bienes comunes y bienes nacionales, tema que también rozamos en las columnas salmoneras de semanas atrás.

Cuando hay ya prácticamente consenso en que el agua como derecho es uno de los temas constitucionales, la verdad es que en aquella actual el tema es la propiedad intocable del agua. Chile dicen es el único país del mundo en que el agua puede ser propiedad particular. Y no es que el Código de Agua o la Constitución lo digan expresamente, sino que en nuestro país a estas alturas casi todos los bienes comunes y bienes nacionales son concesionables y de ahí a la privatización, de una u otra forma, es solo un paso. ¡La letra chica e intenciones ocultas hasta están presentes en esa Constitución!  

El agua es uno de los ejemplos. Súmese la privatización a transnacionales de las sanitarias. El que en la capital del país quedaran hace algún tiempo varios días sin agua potable, es demostración de que estas empresas solo velan por sus utilidades.  Otro ejemplo, es el que las concesiones marinas puedan ser hipotecables a los bancos. Por lo demás, a estas alturas la mayor parte de esas concesiones también se encuentra en manos de empresas transnacionales. Sería bueno saber que gana la nación chilena concesionando el mar de todos a privados. Tenemos entendido se paga nada por esa concesión y habría que ver como pagan impuestos.

Peor aún, es que buena parte de esas concesiones están en áreas protegidas, bien nacional de uso público. ¡Y no es que ahí se comporten a la altura del valor del lugar!. Por cierto, las gerencias de esas empresas tampoco se encuentran en las comunas donde operan y contribuyen en nada a su desarrollo. No extraña que haya quienes proponen un royalty salmonero. Algún día alguien calculará el costo de los daños y elusiones que provocan esas salmoneras vs sus beneficios y les aseguramos que los primeros son cuantiosos. Y si ya estamos hablando de bienes comunes marinos, sería bueno revisar también que pasa con aquellos de la pesca.

Y a propósito de royalty, las mineras transnacionales usufructúan de concesiones con patentes risibles sobre el subsuelo, extrayendo de ahí minerales que nunca más veremos y cuya venta deja poco, poco, a la nación chilena. Tras un fallido intento en cobrarles royalty años atrás (el que termino siendo una migaja), ahora hay un segundo intento de un 3%, o sea casi nada, y sin embargo esto concita el rechazo de toda la derecha. Por lo visto, a las mineras les sale mas rentable comprarse a los parlamentarios que pagar royalty e impuestos. Porque sus impuestos también los eluden pagar y cuentan con todo tipo de artilugios para ello. Y claro, hay una institucionalidad y autoridades que lo permiten y evitan tocarlos. 

Basta ver lo que pasó con el caso SQM. La sola exportación de concentrados en forma fraudulenta produce 40 millones de dólares en pérdidas a Chile, equivalentes a un 60% de su presupuesto nacional anual, según un estudio para la ONU.  A esto se suma, para colmo, las mineras operando en áreas protegidas - bien nacional de uso público, sin que alguien haga algo por evitarlo. Y claro, también esta aquel terreno fiscal de 2.360 Ha. parte del decreto en trámite del Parque Patagonia, que se le recortó para satisfacer a una minera australiana. ¿Qué gana Chile con eso? 

Y podríamos seguir, con el acceso a playas de mar y rio, al acceso a bienes nacionales y a la montaña y a sitios Monumentos Nacionales. La lista es larga y la cantidad de conflictos, también.

Y en otros ámbitos debe haber más ejemplos. La cuestión es que más allá de solo el agua, aquí hay un tremendo tema de fondo, muy importante a ser considerado en la nueva Constitución, el de evitar la apropiación de los bienes comunes y bienes nacionales y el que su uso al menos redite a la nación lo que esta se merece. ¿O es que nos podemos dar el lujo de regalar nuestros bienes y recursos como ocurre actualmente? Francamente, cuando uno se percata de estas cosas cuesta entender a quienes lo permiten. ¿O es que tan faltos de ética (patriotismo, solidaridad con los demás chilenos, en especial los desposeídos y honestidad) están? 

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