Ivonne Coñuecar, periodista y escritora: "Me he permitido todo el llanto que no me permití por años"
En este Cuarentenario de El Divisadero, la escritora y periodista patagona Ivonne Coñuecar Araya, nos cuenta desde Rosario, Argentina, que está encerrada desde marzo y que se ha permitido todo porque "es un momento excepcional en la vida". Además, dice sentirse muy amada y que con tantos contenidos digitales, necesita sentirse "análoga".
Redacción, Diario El Divisadero - 04-11-2020

 

Más de 1 millón de personas han muerto en todo el mundo por la Covid-19, enfermedad que causa el coronavirus. ¿Conocías a alguna de estas personas?

Sí, o sea no lo conocí directamente, pero sí estuve en un velorio online del cuñado de un amigo muy querido, que coincidió que me avisó y, bueno, pensé que no era el momento para hacerse la boluda -como dicen acá- y lo acompañé en este momento duro. Fue bien raro porque era en una iglesia del otro lado, mientras yo estaba acá. Fue en invierno, entonces a las cinco de la tarde ya estaba oscuro. Estábamos con mi pareja y fue muy muy raro. Fue como tomar esas dimensiones de lo que está pasando un poco.

¿Has comido más durante esta cuarentena que en tiempos normales?

Más, me he permitido todo. Es un momento excepcional en la vida, entonces el súper yo ya no tiene cabida. De hecho, suspendí mi tesis también; suspendí varias cosas que me podían involucrar un desgaste emocional, justamente porque creo que hay que estar preparada también para ciertos eventos.

Y en esa misma línea, ¿cómo has intentado en estos días disminuir las emociones negativas?

Las transito. Creo que ese es el desafío. Por ahí está eso de aprender y gestionar emociones y ver lo que está pasando desde un lugar no negacionista, no bloqueada, porque creo que eso nos juega malas pasadas. Como dejar el agua corriendo y en algún momento se te va a llenar y va a haber una inundación. Las transito. Lloro. No duermo bien a veces. A veces me enfermo. A veces me da dolor de cabeza. A veces suspendo cosas que se puedan suspender. Creo que es un momento en que no puedes evadir las situaciones. Es más grande y es mundial.

¿Te has sentido sola? ¿Cómo combates esa soledad?

No sé si sola. No me he sentido más sola que antes, ponte tú, pero sí siento más bien indefensión. Una indefensión que tiene que ver con los estados también. Con el Estado chileno, el Estado argentino. Por esta cesión tácita de ciertos derechos de circulación. Que haya otra gente decidiendo por ti. Y esa merma como en el ejercicio ciudadano. Creo que echo de menos abrazar, echo de menos ver a mis amigas de cara completa. Echo de menos salir a tomar un café. Hay muchos bares por acá cerca y tengo el río a cinco cuadras. Echo de menos esas cosas. Pero no es precisamente soledad, más bien es indefensión e incertidumbre.

¿Qué rol juega o ha jugado la cultura en tu vida en pandemia?

 

Yo creo que se ha enriquecido este universo que también habitamos diariamente como personas, porque la cultura no es solamente los artistas. Y, bueno, sí, escucho más música. Estoy leyendo, pero tampoco leyendo cosas muy densas. Estoy eligiendo muy bien lo que leo y también lo que veo porque estoy con ese resquemor de que me impacte emocionalmente de una forma en que tal vez no pueda asumir. Entonces, creo que estoy viendo cosas ojalá vaciadas de contenido, que involucre reírme. Para leer, estoy poniéndome al día con narrativa. Poniéndome al día porque como suspendí la tesis ahora puedo leer cosas que me gustan y no tanta teoría. Y, bueno, cultura como otros consumos está difícil porque no se puede salir a ningún lado. Quise ir a conocer el acuario, pero no alcancé. Acá hay mucha vida en los parques también, había mucho artista callejero. Yo creo que se ha trasladado a una dimensión digital, pero también agota mucho. Hay tanta oferta de charlas y de cosas para estudiar, de cosas para ver como de bailes, de películas, de obras de teatro… que yo estoy pasando de largo a veces. Como que necesito sentirme análoga.

¿Recomendarías algunas de esas obras?

Nunca me atrevo a recomendar. Creo que es un poco soberbio recomendar. Nosotras entramos en cuarentena en marzo. Desde marzo estoy aquí. Entonces vino como una cosa en que todos te recomiendan ejercicios, que haz esto, que pon 10 fotos, que haz un ejercicio. No. No quiero hacer nada. No hice nada. No le recomendé nada a nadie; dije, por si les parece les dejo esto, pero no eso de que tú tienes que hacer esto, oye, tienes que hacer esto otro. Oye, no subas de peso. Oye... No, ¡al carajo! No puedo. Y nunca sido buena recomendando cosas. A mí me gusta la música electrónica, pero si a alguien le gusta, bien. 

Ivonne, con teletrabajo, ¿sientes que se trabaja más o menos?

Al menos desde hace unos 10 años que trabajo en esta modalidad. He tenido más trabajo desde ese punto de vista, he tenido suerte porque la gente se ha volcado más hacia la escritura. Y he podido tomar talleristas y también cerré el cupo ya este año, de hecho, porque ya no se trabaja mejor. Es un trabajo personalizado, entonces bajar la calidad por más gente no vale la pena. Trabajo un montón online.

¿Cuál es la herramienta digital que más estás usando?

El Zoom. Todavía no me gusta Meet. Pienso que pixela demasiado la imagen. Bueno, las plataformas de la universidad, de los seminarios que hacen. Y redes sociales, básicamente. Telegram para bajar libros.

Más allá de lo físico, ¿cómo has tenido que transformar las relaciones familiares, los vínculos?

La verdad es que me he mantenido súper alejada de mi vida social. Nunca fui tan sociable. Nunca fui tan buena para llamar, pero sí me preocupaba mucho saber de mis tíos abuelos en la Patagonia. Y un par de personas más. Son como los únicos con que me he esforzado un poco, a ellos con más ahínco porque no tienen señal todos los días. Tampoco manejan smartphone. Entonces tuvimos que contratar unas llamadas internacionales y así llamarnos, pero recién pude hablar con ellos en septiembre. El resto un poco por redes sociales, chusmeando ahí los perfiles. WhatsApp a veces y, bueno, la confianza en que si están bien es porque no tengo novedades. Si les pasa algo malo, bueno, lo sabré. Pero soy poco sociable en ese sentido. Me agota mucho ese ejercicio de la tecnología. Hablar por teléfono siempre ha sido un problema para mí.

Respecto de las emociones más íntimas, ¿cómo sientes que te han visitado el miedo, el llanto y la risa en estos días de encierro?

 

Me he reído mucho y me he reído de cosas pequeñas que surgen así como pequeñas cosas tiernas, cosas ridículas. Me he reído mucho porque también creo que hay un mecanismo de permitirte esa ridiculez. Me siento muy amada también. Y eso es una gran protección, y protegida a la vez. Protegida por el cariño de la gente que conozco, de mi pareja. Creo que estar con mis gatitos ha sido fundamental, aunque lamentablemente uno de ellos murió. Fue una cosa horrible, una experiencia muy terrible. 

Convivir con ese lenguaje de ellos me ayuda, también aprendo. Porque para ellos todo es hoy, todo para ahora y si se mueren se apagan. Lo pasan bien, disfrutan, comen, no se sienten culpables por sus panzas. 

El miedo… creo que ha habido escaladas de mucho miedo porque generalmente nos paramos en el peor escenario cuando pasan cosas. Nunca el mejor. Después decantamos. Yo he tenido miedo, he tenido que ser contenida por amigas, por mi pareja, por mi psicóloga, pero es como el miedo probablemente basal que siente la sociedad también.

Me he permitido todo el llanto que no me permití por años. He llorado mucho y con los años, viviendo acá, he valorado llorar también para descargarse un poco. Es necesario llorar.

¿Qué sientes que le pasa al deseo con el confinamiento?

Yo creo que el deseo se moviliza. Yo creo que ya desear es como la voluntad de seguir viva. Creo que el deseo se moviliza hacia la comida, hacia buscar momentos tranquilos. Yo creo que también el deseo se moviliza a mirar a otros con un amor ya distinto. No hablo del deseo sexual. Hablo del deseo de movilizar emociones. Creo que el deseo nos mueve, de alguna forma. No me podría levantar por las mañanas. Por ejemplo, no me he quedado todo un día echada porque creo que el deseo siempre triunfa en eso.

¿Qué habilidades propias has descubierto que no conocías?

Ninguna, ja ja ja.

¿Qué es lo primero que vas a hacer cuando se termine la pandemia?

Descansar, estar un par de días quizás respirando tranquila porque acá al menos todos los días son miles, entonces ya me tiene agotada. Creo que descansar porque lo hemos hablado y, bueno, mi pareja va a ir a Chile. Entonces no podemos ir las dos. Yo creo que descansaría. Puede que me tome un whisky y me emborrache.

¿A qué persona te gustaría ver primero después de que todo esto pase?

A mis tíos abuelos en Galera.

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