Sueños del Chelenko
Patricio Ramos, Cuidadano - 07-05-2018

El Chelenko es un lago de origen glaciar que, junto a los  Campos de Hielo, se reputan normalmente como los depósitos de agua dulce más grandes del mundo. Justo en esta parte –normalmente- los expositores en ciertos eventos y algunos políticos, con afectación señalan que es una reserva “estratégica de agua”, ignorando, como resulta a veces evidente, lo que realmente significa eso, y cuyo espíritu se aviene más a la idea de sobrevivencia que de emprendimiento lucrativo. En fin. 

Es un hecho aceptado que el ser humano ya estaba en estos austros hace (a lo menos) 12.000 años, y se sabe que como Chelenko denominaba la etnia Aónikenk al Lago que hoy conocemos como General Carrera. También hay coincidencia en que el nombre, que por una cuestión cronológica y capacidad de síntesis debería preferirse, es el primero. En efecto, los Aónikenk conocían al segundo lago más grande de Sudamérica como el Lago de las Tormentas o Tempestades, lo que para los que vivimos por estos lados describe de gran manera lo que es el lago buena parte del año. 

Pero también podrían haberlo denominado Esmeralda, Azul, Verde, blanco, Pacífico, etc. Todos estos colores y estados de ánimo tienen estas aguas. Así como los sueños, los hay tormentosos, de pesadilla,  pacíficos, y los hay, en fin, llenos de esperanza de proyección al futuro, como cuando el Chelenko se pone azul junto con todo lo que hay a su alrededor. 

El Lago soñó en el pasado con minería en sus orillas, con miles de personas que se ganaban el pan en ese sitio, que vinieron  y se quedaron con sus familias para, de la noche a la mañana, quedar sin trabajo. Algunos incluso murieron, otros se empobrecieron más. El lago soñó que la cercana tierra quedó perforada, desmantelada, revuelta y que las aguas que salen y entran en ella no permiten el florecimiento de la vida. El lago sueña, a veces, que a sus espaldas esto vuelve a ocurrir una y otra vez en el tiempo.

El lago sueña, con frecuencia, que en su cuenca esos bosques y planicies que lo vieron nacer siguen ahí prosperando, junto a los seres humanos, nutriéndose de agua y de vida, pudiendo así recorrer una y otra vez este ciclo misterioso y milenario que es la creación.

 Porque cuando tenemos la oportunidad de vivir a la orilla del Lago Chelenko día a día, con las percas y pejerreyes de primavera; con su agua absolutamente deliciosa y sanadora; con las gaviotas y garzas de verano; con sus flamencos y cisnes de invierno; con los humanos habitando, evocando, viviendo a su ritmo patagón; con bajadas y subidas estacionales y  con ese ciclo bien predecible, entendemos que lo que le hace bien al Lago le hace bien al hombre.

Los sueños del Chelenko son los sueños del humano, ambos sobrevivientes de una época que solo visitamos en sueños y en la imaginación.

Perdóname oh lector por el exceso de lirismo de estas líneas, que salen justo cuando el sol pretende ocultarse tras el Cerro Castillo, mientras observa como lentamente se duerme el gran Lago de las Tempestades.

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