Trabajo, equidad territorial y emprendimiento
Irina Morend Valdebenito, Geógrafa PUCV - Magíster en Desarrollo Rural UACH - Presidenta Fundación Territorios Inteligentes - 24-04-2021

Las desigualdades en el trabajo no son solamente los niveles de ingresos o salarios que perciben los trabajadores por las labores que realizan. También tienen una expresión territorial, por ejemplo, una de las relevantes razones para que las familias migren de las zonas rurales hacia las ciudades -además de la educación de los hijos- son la oportunidad de trabajo. En la desigualdad del trabajo con perspectiva territorial surgen al menos tres factores interesantes de analizar e integrar: 

En el primer caso, los empleos se ofrecen con mayor diversidad y frecuencia en las ciudades, aunque sospecho (por no tener datos a la mano), que el comercio es donde más se emplea en las ciudades porque somos una economía insubstancial en cuanto a la creación y elaboración de tecnología, productos y servicios funcionales al país. Substrato débil, para un país que pretende ser desarrollado, por la hipermetropía de quienes toman decisiones económico-políticas y ponen rumbo al país. El resto somos masa y no pueblo, como dice Adela Cortina. 

En el segundo caso, los empleos rurales en zonas distintas a la zona central no son tan cuantiosos y se agrupan en zonas con abundancia de recursos naturales, además, muchas son actividades extractivas y temporales. ¿Y que sucede con el empleo autónomo, el esfuerzo emprendedor? Aquí se abre otro mundo económico, bastante valorizado en el discurso público, pero en realidad muy vulnerable y abandonado por el Estado. Lo hemos visto, una gran parte del emprendimiento se ha ido a la quiebra primero con el estadillo social del 2019 y luego con la pandemia. 

En el tercero, las representaciones del emprendimiento conllevan un discurso implícito desde el enfoque económico, pero no incluyen el enfoque de desarrollo humano. De hecho, cuando se habla de formar capital humano o capacitar para mejorar la productividad, es eso, mejorar la productividad y no formar personas para el desarrollo (creativas, efectivas, eficientes, colaborativas, etc.).

Es que para ser emprendedor al menos debes contar con algunas capacidades desarrolladas para enfrentar la rigidez del estado, el potencial fracaso y la lentitud del retorno, claro, además del capital. ¿De donde salen estas capacidades?, ¿son el privilegiado talento de algunos? Esta pregunta apunta a mirar más allá de la tradicional capacitación. Aquellas capacidades se forman, se entrenan, son nuevas conexiones neuronales y estrategias de manejo de emociones. Lo que sucede tradicionalmente en la formación del emprendimiento es que la visión está centrada en desarrollar buenos productos, pero primero, tienes que desarrollar habilidades y destrezas en las personas. Luego ellas decidirán que buen producto desarrollar. 

Por otro lado, el modelo educacional propio del silgo XIX con algunos ajustes de siglo XX, está pensado para una sociedad de empleados para numerosas y grandes fábricas -que además no tenemos, porque solo extraemos recursos, comerciamos y especulamos-, pero no está pensado para el mejoramiento de aquellas capacidades que las personas requieren para desarrollar los proyectos de vida que tienen razones para valorar – Sen, Cortina, Nussbaum, reflexionan sobre ello-, vale decir, no se forma para ser libres e independientes sino que para ser empleados con expectativa limitada. 

Pensar en la equidad territorial en el trabajo y en este caso me refiero a las zonas rurales de Aysén, sería pensar no solo en instalar más empresas en las zonas rurales, sino en la implementación de un diseño (sistémico) educacional y productivo que promueva el despliegue capacidades para que los jóvenes -y los no tanto- de las zonas rurales, puedan emprender aquellos proyectos de trabajo que “tengan razones para valorar”, aprovechando el capital de la tierra que ya tienen, antes que lo vendan. En esta reflexión, insisto que lo importante no es como se desarrolla el producto, sino como se despliegan las capacidades para desarrollar cualquier producto o servicio que desee con el capital natural de su entorno, vale decir, sus recursos naturales. 

Esto es una mirada distinta de ver el trabajo desde la perspectiva del capital humano, con dignidad humana, justicia social y territorial. Esta mirada distinta implica cambiar la forma de medir los datos, el foco de la planificación significa, resignificar las formas de financiamiento actuales, que dejan la impresión que los instrumentos que fomentan las actividades productivas ruedan siempre de la misma manera. 

El Divisadero TV
UAysen al día · noviembre 2021
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