Editorial, Redacción Las calles de nuestra capital regional volvieron a ser el escenario de una conmemoración que trasciende fronteras, pero que en Aysén tiene su propia voz y arraigo. Este domingo, cerca de 200 mujeres atravesaron Coyhaique para unirse al movimiento mundial del 8 de marzo, visibilizando sus derechos y manteniendo viva una lucha histórica por la igualdad.
La relevancia social y cultural del Día de la Mujer no radica únicamente en la movilización, sino en el profundo ejercicio de memoria de su activismo. Tal como lo destacó Carol Epuyao, orfebre, gestora cultural y parte de las convocantes locales, la jornada fue una reivindicación de los avances logrados, pero también un espacio de profundo respeto por nuestra historia.
A nivel local y nacional, la consigna que unificó las voces fue clara: "Ni un paso atrás, cien adelante". Esta frase encapsula la convicción de un movimiento que se niega a retroceder ante los vaivenes políticos. Las voceras y coordinadoras saben que los derechos conquistados son frágiles frente a los cambios de administración y las agendas antiderechos, por lo que mantienen un movimiento autónomo y en constante alerta.
Por ello, el llamado de las autoridades salientes y de las activistas coincide en un punto crítico: es imperativo resguardar lo construido y garantizar que las políticas públicas trasciendan a los gobiernos de turno. La verdadera igualdad exige la transversalización del enfoque de género en todas las áreas del desarrollo regional y nacional, sin estar sujetos a orientaciones temporales.
Desde esta tribuna, rendimos un homenaje a las mujeres de nuestra región que no se cansan de exigir lo justo. Su perseverancia es el motor ético de nuestra sociedad. El 8M nos recuerda que la equidad no es una concesión, sino que corresponde a un derecho humano fundamental que debemos defender a diario para no dar ni un solo paso atrás.




















