Editorial, Redacción Hay lugares de Chile que aparecen poco en las conversaciones cotidianas, pero que deberían ocupar un espacio mucho mayor en las decisiones del país. Campos de Hielo Sur es uno de ellos.
Las declaraciones recientes del delegado presidencial provincial de Capitán Prat, Roberto Recabal, junto a planteamientos de la diputada Andrea Macías y del senador Miguel Ángel Calisto, vuelven a poner sobre la mesa una preocupación que Aysén conoce desde hace años: la escasa presencia del Estado en uno de los territorios más aislados y estratégicos de nuestra región.
No estamos hablando solamente de hielo, glaciares o una frontera dibujada en un mapa. Estamos hablando de soberanía, conectividad, seguridad, presencia estatal y desarrollo territorial.
Una parte del límite entre Chile y Argentina en Campos de Hielo Sur permanece pendiente de demarcación desde el acuerdo suscrito por ambos países en 1998. Han pasado casi tres décadas y seguimos hablando de una tarea que debería tener una hoja de ruta mucho más clara.
Pero reducir esta discusión al problema limítrofe sería quedarse corto. Lo que también se está planteando es algo bastante más concreto: ¿cuánto Estado existe hoy en ese territorio?
La respuesta no parece suficiente. Y basta mirar las dificultades de acceso y conectividad que todavía enfrenta el extremo sur de Aysén para entender que la presencia estatal no se construye solamente con funcionarios o controles. También se construye con caminos, aeródromos, comunicaciones, servicios públicos, seguridad y condiciones que permitan que quienes viven en localidades como Villa O'Higgins, Cochrane y Tortel puedan desarrollar sus vidas con mayores oportunidades.
Argentina ha entendido hace tiempo que los territorios fronterizos también requieren inversión y presencia. Chile puede mirar esa experiencia, no para copiarla mecánicamente, sino para preguntarse qué estamos haciendo nosotros.
La historia reciente debería servirnos de advertencia. Laguna del Desierto demostró que los territorios alejados no pueden quedar fuera de las prioridades nacionales. Cuando el Estado llega tarde, las consecuencias pueden durar décadas.
Y hoy existe además una razón que trasciende nuestras fronteras. Los glaciares de Campos de Hielo Sur constituyen una enorme reserva de agua dulce en un planeta que enfrenta una creciente presión sobre este recurso. Su importancia no es solamente chilena ni argentina: es también ambiental y global.
Por eso, el desafío no consiste en instalar un discurso de confrontación con Argentina. Al contrario. Chile debe defender sus intereses y resolver sus asuntos pendientes mediante los mecanismos diplomáticos y técnicos que correspondan, pero al mismo tiempo debe mirar hacia el territorio y preguntarse qué presencia quiere construir allí.
Campos de Hielo Sur no puede seguir siendo un lugar del que hablamos cada cierto tiempo cuando aparece una controversia.
Es momento de convertirlo en una prioridad nacional y regional, con planificación, inversión, conocimiento científico, conectividad y presencia permanente del Estado.
Aysén no está en el extremo del país. Aysén también es parte del centro de decisiones que Chile debe tomar sobre su futuro.
Y quizás esta sea una de ellas.






















