Editorial, Redacción En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, resulta urgente aterrizar la reflexión global a nuestra realidad local en Aysén. La curiosidad es un impulso vital, una característica innata que nos empuja a comprender nuestro entorno. Sin embargo, en una región tan vasta como la nuestra, debemos preguntarnos con pensamiento crítico: ¿Quiénes están produciendo el conocimiento sobre nuestro territorio y a quiénes estamos dejando fuera?
Si bien la ciencia es hoy indispensable para el desarrollo, el acceso a ella no es un terreno neutral. La realidad es contundente: el acceso a las trayectorias científicas no ha sido históricamente igualitario. A nivel global, las brechas comienzan temprano, con una de cada cuatro adolescentes que no estudia ni trabaja, limitando sus oportunidades futuras.
En Chile, el escenario es preocupante y exige autocrítica. Durante 2022, apenas el 7,8% de las mujeres se titularon en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), ubicándonos en una posición desmedrada dentro de la OCDE. Existe una "tubería con fugas": a medida que se avanza en la academia, la presencia femenina disminuye drásticamente, al punto que solo un 34% de las doctoras realiza investigación en educación superior.
Para Aysén, esto representa un peligroso sesgo. Al limitar las trayectorias de las mujeres, estamos restringiendo la diversidad de miradas necesarias para entender nuestra biodiversidad. Una ciencia sin mujeres es una ciencia incompleta, menos situada y con menor capacidad de respuesta ante crisis complejas.
El enfoque de género debe cruzarse con nuestra realidad territorial. En la Patagonia, las mujeres de comunidades rurales e indígenas han sido históricamente las gestoras del territorio y guardianas de la naturaleza. Sin embargo, existe una desconexión estructural: esos saberes ancestrales rara vez se traducen en liderazgo formal, poder de decisión o acceso a financiamiento. Conservar nuestra región sin la voz de las mujeres en la mesa de decisiones no es solo una injusticia social; es una estrategia ineficiente.
Necesitamos romper el ciclo. La presencia de referentes femeninos en la ciencia no es un acto simbólico, sino una necesidad pragmática para que las niñas de Coyhaique, Puerto Aysén o Cochrane puedan imaginar ese camino como propio. Como bien dijo Jane Goodall: "Lo que haces marca una diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer". En este día conmemorativo, es hora de decidir que la ciencia en Aysén se construya con todas nosotras.





















