Editorial, Redacción Las movilizaciones estudiantiles de esta semana deberían ser miradas con atención por el Gobierno. No solamente por la cantidad de personas que salieron a las calles, sino porque detrás de ellas hay una inquietud bastante concreta: qué va a pasar con beneficios y políticas que durante años han formado parte de la vida cotidiana de miles de estudiantes y sus familias.
El Presupuesto 2027 abrió esta discusión. La propuesta reduce en 46,71% los recursos destinados a los Liceos Bicentenario y deja sin financiamiento explícito a las Becas de Acceso a TIC, el programa que permite entregar computadores a estudiantes y que durante este año benefició a más de 96 mil escolares.
Para quien mira estas cifras desde una planilla presupuestaria, probablemente se trata de una decisión asociada a prioridades y eficiencia del gasto. Para una familia, en cambio, la pregunta puede ser bastante más sencilla: ¿mi hijo va a recibir ese computador o no?
Algo parecido ocurre con las becas Aysén y Patagonia. En nuestra región existe preocupación por su futuro y por las condiciones que tendrán estos beneficios para quienes deben salir de Aysén a estudiar. La Beca Patagonia, por ejemplo, durante 2024 llegó a casi tres mil estudiantes y está precisamente destinada a apoyar a jóvenes de la región que cursan estudios superiores fuera de ella.
Y después vino la parafina.
El aumento de 281,8 pesos por litro desde el 1 de octubre golpea especialmente a los hogares que todavía utilizan este combustible para calefaccionarse. La discusión se volvió todavía más sensible después de que el ministro de Hacienda señalara que el consumo en esta época era mínimo, afirmación que posteriormente reconoció que "no fue la mejor" forma de expresarlo.
Aquí hay una lección que quizás vale la pena mirar más allá de la coyuntura. Gobernar también implica explicar las decisiones, pero explicar no significa solamente entregar cifras. Hay que conseguir que esas cifras tengan sentido para las personas que van a vivir sus consecuencias.
Porque una familia no piensa en términos de variación presupuestaria. Piensa en el costo de la calefacción, en el arancel, en el traslado de su hijo, en si tendrá o no un computador para estudiar.
Y eso es especialmente importante para regiones como Aysén, donde muchas políticas nacionales tienen efectos distintos que en Santiago. Las distancias, el costo de vivir y estudiar fuera de la región y las condiciones climáticas hacen que ciertos beneficios no sean accesorios.
El Gobierno todavía tiene tiempo para explicar mejor sus decisiones y también para escuchar lo que está ocurriendo. El Presupuesto 2027 recién comienza su discusión en el Congreso y varias de estas materias todavía pueden ser modificadas.
Quizás esa sea la oportunidad que dejan estas movilizaciones: recordar que detrás de cada partida presupuestaria hay personas que no hablan en porcentajes.
Y cuando una decisión pública afecta su vida cotidiana, necesitan algo más que una explicación técnica. Necesitan entenderla, saber por qué se tomó y, sobre todo, tener la certeza de que su realidad también fue considerada.




















