Editorial, Redacción La preocupación por el presupuesto FNDR 2027 volvió a instalarse en la agenda de los gobiernos regionales. En el Congreso de las Regiones, realizado en Concepción, gobernadores y gobernadoras plantearon directamente al Gobierno la necesidad de revisar los ajustes propuestos para el próximo año y evitar una reducción de los recursos destinados a sus territorios.
La reunión contó con la participación del Presidente José Antonio Kast y del ministro del Interior, Claudio Alvarado. Más allá de las diferencias políticas o de las particularidades de cada región, las autoridades compartieron una inquietud: que el recorte presupuestario termine limitando la capacidad de los gobiernos regionales para responder a las necesidades de sus comunidades. En el caso de Aysén, la disminución inicialmente proyectada alcanzaba cerca de 6 mil millones de pesos.
El encuentro abrió una nueva etapa de conversaciones. De hecho, el gobernador Marcelo Santana informó que se alcanzó un preacuerdo que permitiría recuperar gran parte de los recursos considerados en el ajuste inicial y entregar mayor flexibilidad para ejecutar el presupuesto. Es una señal relevante, pero todavía no representa una solución definitiva: el entendimiento debe ser ratificado por las instituciones y autoridades involucradas en la discusión presupuestaria.
Y es precisamente ahí donde se debe poner atención. Reducir los recursos del FNDR no significa simplemente modificar una cifra en una planilla. Detrás de ese financiamiento hay programas sociales, iniciativas de inversión, generación de empleo, infraestructura y proyectos que contribuyen a dinamizar las economías locales. En una región como Aysén, marcada por la dispersión territorial, las distancias y los altos costos de ejecución, cada peso destinado a inversión pública tiene una incidencia concreta en las oportunidades de desarrollo.
La decisión de revisar la propuesta inicial demuestra que el diálogo entre el Gobierno y las autoridades regionales puede abrir caminos. Sin embargo, el desafío ahora es que los compromisos se traduzcan en acuerdos formales y recursos efectivamente disponibles. No basta con recuperar una parte del presupuesto si, al mismo tiempo, las condiciones para ejecutarlo terminan dificultando que llegue oportunamente a los territorios.
Aysén necesita certezas para planificar, invertir y avanzar. Por eso, habrá que seguir de cerca la discusión y la ratificación de este preacuerdo. Lo que está en juego no es solo el presupuesto de un gobierno regional, sino la capacidad de la región para sostener sus proyectos, generar oportunidades y no perder terreno en su desarrollo.




















