Editorial, Redacción Hoy vemos autoridades gubernamentales, municipales y de distintos ámbitos cada vez más presentes en las redes sociales. Todo lo que hacen parece convertirse en contenido: reuniones, visitas, actividades, recorridos y encuentros que son registrados, editados y publicados casi inmediatamente en sus cuentas institucionales o personales. Es, sin duda, una expresión del enorme poder que tiene hoy el mundo digital.
Las redes sociales son una herramienta legítima y necesaria para comunicar la gestión. El problema aparece cuando comunicar comienza a confundirse con gobernar. Porque una publicación cuidadosamente preparada puede mostrar una imagen impecable de una actividad, pero no necesariamente da cuenta de lo que ocurrió allí, de lo que se conversó o de las respuestas que una comunidad espera.
Una cosa es publicar que una autoridad estuvo en determinado lugar y otra muy distinta es demostrar qué hizo allí. En una reunión, una asamblea o un encuentro cara a cara, las personas pueden preguntar, plantear problemas, incomodar, exigir respuestas y conocer directamente la posición de quien tiene una responsabilidad pública. Ese ejercicio no siempre cabe en un video de pocos segundos.
También hay autoridades que mantienen una relación más tradicional con las comunidades. Trabajan, recorren el territorio, se reúnen con organizaciones y comunican sus acciones cuando existe algo relevante que informar. Otras, en cambio, parecen haber convertido sus redes sociales en una suerte de diario permanente de gestión, donde cada actividad merece ser registrada y difundida.
Ninguna de las dos formas debería convertirse por sí sola en un estándar. Las redes sociales cumplen una función y son parte de la comunicación pública actual. Pero no pueden reemplazar el contacto directo, la deliberación ni la presencia territorial.
Y esto es especialmente importante en regiones como Aysén. El trabajo en terreno no consiste simplemente en llegar a una localidad, grabar un video y publicar un reel con imágenes del lugar. Estar en terreno significa escuchar, recoger demandas, conocer las dificultades de las comunidades y, sobre todo, dar respuesta a esos planteamientos.
La ciudadanía tiene derecho a informarse por los canales que prefiera. Pero también tiene derecho a que sus autoridades estén disponibles para algo más que una publicación: conversar, explicar, escuchar y responder.
En democracia, comunicar es importante. Mostrar lo que se hace también. Pero gobernar es bastante más que eso. Gobernar implica estar presente cuando no hay cámaras, cuando no existe una publicación que editar y cuando las preguntas de la ciudadanía son difíciles de responder.
Las redes sociales pueden mostrar una gestión. El verdadero desafío es que esa gestión exista más allá de ellas.























