Manuel Álvarez Lucero, Antropólogo
Como nos hemos transformado tanto, nuestra sociedad transita por el límite, por la cornisa, vamos cayendo por un precipicio gigantesco. Nuestros factores protectores desaparecieron y estamos inmersos en una serie de nuevos factores de riesgo propios de esta nueva era tecnologizada, impersonal y mal intencionada.
Estamos adictos a la tecnología y al aparato móvil, que nos ocupan gran parte del tiempo, que es el que siempre decimos no tener, cuando no queremos hacer algo. Esto nos expone a las malas intenciones, de las y los inescrupulosos.
Las malas intenciones se refieren a la voluntad o el deseo consciente de causar daño, engañar, perjudicar o aprovecharse de otra persona para beneficio propio. En esto hay consciencia, es decir, la persona sabe que su acción afectará negativamente a otros, pero no les importa absolutamente nada. No hay ética ni valores en estos actos.
Es una cualidad que se asocia con la intención de causar daño, engañar o perjudicar a alguien de manera intencional. Es una tendencia consciente y deliberada a hacer el mal, sin tomar en cuenta las consecuencias negativas. A veces la amabilidad es solo el disfraz más presentable de una mala intención.
Hoy en día estamos expuestos fraudes digitales y ciber estafas, llamadas phishing y Smishing, perfeccionados con IA, recibes correos o mensajes de texto falsos con enlaces que clonan sitios de bancos o empresas de encomiendas. Actualmente, los delincuentes usan Inteligencia Artificial para corregir errores ortográficos, logrando que las páginas e instrucciones se vean idénticas a las oficiales para robar tus claves de acceso.
Común es que logran hackear o duplicar cuentas de WhatsApp, luego, escriben a los contactos de la persona pidiendo transferencias de dinero urgentes bajo la excusa de una emergencia familiar o un problema bancario. Existen también plataformas falsas que imitan a grandes tiendas comerciales o casinos online. Atraen a las víctimas con ofertas imposibles, para robar los datos de tus tarjetas al momento del supuesto pago.
Están las estafas telefónicas, Vishing, donde falsos ejecutivos bancarios te alertan sobre "un fraude en curso" o "puntos por vencer" y te piden digitalizar claves o entregar coordenadas para "cancelar la transacción".
Hay correos o llamadas masivas informando que tienes una orden de detención o citación judicial pendiente, exigen descargar un archivo adjunto que infecta tu dispositivo con un virus o pagar una supuesta fianza inmediata. Esta el engaño tradicional donde simulan ser un policía informando sobre el grave accidente de un familiar y solicitan dinero rápido mediante transferencias.
Existen empresas fantasmas que se promocionan en redes sociales ofreciendo préstamos rápidos y de fácil aprobación pagando previamente gastos notariales, seguros o comisiones, y una vez que transfieres, desaparecen.
Están las ofertas de trabajo falsas, donde te contactan ofreciendo ingresos extra solo por dar "likes" en YouTube, TikTok o calificar hoteles. Al principio pagan sumas pequeñas para generar confianza, pero luego te piden invertir dinero propio para acceder a comisiones más altas, quedándose con tus fondos.
No se puede confiar en nadie, hay avisos falsos en redes sociales o plataformas informales con arriendos de cabañas inexistentes donde exigen un adelanto del 50%. En fechas comerciales destacan las tiendas fantasmas de perfumes, tecnología o juguetes que nunca envían el producto.
No crean en nada.



















