Orlando Baesler Heger, Arquitecto Siempre ha estado presente en los objetivos básicos de quienes están realmente manejando el actual gobierno, la antigua pretensión de destruirlo todo para comenzar a construir desde el caos y las ruinas. logrando esa tan ansiada igualdad entre todos, la cual solo se puede lograr, de acuerdo a la lógica y las matemáticas, sumiendo a todos en la miseria, a excepción, por supuesto, de quienes se encaraman directamente en los altos cargos del poder, en donde, sin lugar a dudas, reinara la abundancia y "brotaran a chorros los manantiales de la riqueza" tal cual señaló Carlos Marx en alguno de sus delirantes panfletos revolucionarios.
Destruir las instituciones básicas es algo muy simple para quien no tiene capacidad de gestión ni posibilidad intelectual alguna de generar obras que generen crecimiento y desarrollo. Para el actual gobierno, hacer las cosas mal es algo que viene incorporado en el ADN de autoridades que han sufrido décadas de contaminación progresista y que ha afectado a sus abuelos, padres y en general a todo un entorno que les ha inculcado la idea de la destrucción y un mandato implícito por destruir una sociedad injusta que es la culpable de sus defectos en incapacidades.
Es así como estos mediocres dirigentes estudiantiles que por un azar del destino llegaron a La Moneda, con la siniestra figura de una hoz y un martillo muy bien camuflada por las sombras han tratado infructuosamente de infiltrar a las Fuerzas Armadas, destruir la autoridad policial ,liquidar a las AFP y a las Isapres ,atacando en forma principal al proceso educativo chileno ,teniendo clatro que mientras mayor ignorancia exista entre nuestras juventudes ,mayor será la posibilidad de controlarlas y lanzarlas a las calles como "carne de cañón" ya que la valentía no ha sido precisamente una de las grandes virtudes de una izquierda reaccionaria que siempre lanza la piedra y luego esconde la mano.
Pese a todo, un sistema político, social y económico que hemos construido entre todos los chilenos que tenemos por costumbre trabajar para vivir de lo que producimos, se ha sostenido firme y ha aguantado con fuerza el vendaval destructivo de un progresismo que lisa y llanamente se ha dedicado al saqueo sistemático de los caudales públicos.
Sin embargo, solo queda un año para el final del desastre y siempre es necesario recordar que "no hay mal que por bien no venga"
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