Rosa Pesutic Vukasovic, Secretaria de Finanzas Regional Aysén del Partido Comunista de Chile Este 04 de mayo se cumplieron 50 años del arresto, tortura, ejecución y transformación en detenidos desaparecidos de los militantes comunistas Mario Zamorano, Jorge Muñoz, Uldarico Donaire, Elisa Escobar y Jaime Donato. Todos integrantes de la Dirección Clandestina del Partido, quienes trabajaban por el fortalecimiento orgánico y político del PC y por el combate contra la dictadura.
Los alevosos crímenes fueron cometidos por el Comando Conjunto y otros organismos de la tiranía bajo las órdenes de Pinochet, en una acción conocida como "caso Calle Conferencia" y aunque el tiempo pasa no se borra el recuerdo de aquellos mártires, muy por el contrario, permanecen como ejemplo de compromiso, conciencia, idearios, ética, que dieron su vida por lograr un Chile digno para todas y todos.
Recordarlos es un ejercicio que provoca tristeza de pensar en esas vidas sesgadas por el odio fanático, pero, al mismo tiempo, son un estímulo constante a la exigencia de justicia, verdad y memoria.
Recordarlos es revivir el dolor de esa época de barbarie y horror. También es no dejarlos morir en el olvido, porque dieron su vida luchando por un Chile justo.
Recordarlos es angustiarse por el sufrimiento que padecieron en las brutales torturas a que fueron sometidos. Asimismo es recordar que los impulsaba el fuerte compromiso con la clase trabajadora y la alegría de luchar por ideales nobles.
Recordarlos es un acto de justicia. Por ellos, por todos los que cayeron durante la dictadura, por los familiares que aún los buscan y por los que fallecieron sin obtener una respuesta de los asesinos y sus cómplices.
Recordarlos es reconocer que la historia no sólo la escriben los vencedores (que son temporales), sino también los luchadores inclaudicables, los conscientes, los militantes, el pueblo sencillo pero con valor.
Recordarlos es un golpe a la cara de sus verdugos, esos mercenarios a sueldo, sin ética ni moral. Cobardes que huyen de la justicia, que se esconden, que rehúyen la mirada frente a la verdad. Que son la escoria de la sociedad, la vergüenza y el deshonor de la familia.
Recordarlos es decirle a la sociedad toda que existe una manera ética de compartir y vivir y que la dignidad y la justicia son valores intransables.
Aunque en ello se vaya la vida.
Recordarlos es decirles: ¡Presente, Ahora y Siempre!




















