Orlando Baesler Heger, Arquitecto
Es absolutamente imposible desvincular los beneficios sociales del desarrollo económico, sin embargo, aún existen algunos "iluminados" que, suponiéndose portadores de la verdad universal, continúan ofreciendo, a cambio de apoyo electoral, todo tipo de fantasías, regalías, subsidios y privilegios de diversa índole, sin contar con ningún respaldo económico real para cumplir con una verdadera hemorragia de ofertones que se vociferan a través de una verborrea incontenible.
Naturalmente, es muy fácil repartir, ofrecer o regalar el dinero de los demás a fin de resolver situaciones momentáneas, ya que más temprano que tarde el dinero de los demás terminará por agotarse y la situación se tornará catastrófica.
Los ejemplos más claros de lo señalado anteriormente se encuentran muy cerca de todos nosotros, en países hermanos, que profesan nuestro mismo culto y que hablan nuestro mismo idioma. Me refiero, por supuesto, a las condiciones críticas y lamentables en que se encuentran países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, en donde los recursos públicos fueron lisa y llanamente derrochados en bonos, subsidios, canastas familiares, subidas de sueldo sin respaldo y por supuesto, en enriquecer los bolsillos de los dirigentes progresistas encaramados al poder.
En Chile, afortunadamente para nosotros, la fortaleza de las instituciones y la protección popular de nuestra Constitución Política han evitado un colapso total pese a todos los intentos por destruir lo ya edificado con el esfuerzo y sacrificio de muchas generaciones anteriores, por lo cual es una obligación para nosotros velar por nuestro crecimiento y desarrollo.
América, por fin, se está deshaciendo, no sin un gran esfuerzo, de las antiguas y fracasadas políticas populistas. Perú, Colombia y Brasil se sumarán pronto a esta verdadera revolución libertaria. Chile, como siempre, ante América Latina, ha sido el ejemplo a seguir.


















