Jessica Igor Chacano, Periodista y magíster en Relaciones Internacionales
Al recorrer las silenciosas calles de mi ciudad me di cuenta que poco ha cambiado. Llega la tecnología, las tendencias en moda, la gastronomía internacional, pero algo falta, todavía no podemos despegar, y es literal, porque el tema aeroportuario aún tiene los mismos problemas de hace treinta años (cuando viajábamos como estudiantes).
Las quejas son las mismas y muchas. Han pasado gobiernos, senadores, diputados, durante todos estos años, pero los problemas se resisten y siguen ahí, como una enfermedad crónica. Hace pocos días recibimos la visita del presidente Kast, en una de sus primeras giras por el país para registrar in situ las necesidades de cada territorio. Loable, si existe un legítimo interés en conocer la cara, en vivo y en directo, de los protagonistas de cada comunidad.
Cuatro fueron los ejes principales comprometidos para impulsar el desarrollo de Aysén. El primero tiene que ver con un plan de reactivación económica, un poquito de perogrullo se me hace ¿no?; el segundo tiene que ver con el diálogo ciudadano y la descentralización, eso ya se ha hecho antes, en otras administraciones, nada nuevo.
El otro tiene que ver con un plan de resguardo en los recintos educativos, esto para mejorar la seguridad y la infraestructura escolar de la zona. No está mal, pero sería importante quizá abordar otra problemática más de fondo y más dura, que es resguardar a nuestros niños y jóvenes del tremendo flagelo de las adicciones, que hace años se instaló en la región y cada vez se pone peor.
El cuarto punto comprometido es sobre la reforma de permisos, esto según la actual administración para "eliminar trabas burocráticas y flexibilizar los tiempos de espera y normativas medioambientales", con el fin de "destrabar grandes proyectos de inversión y de infraestructura" en la región. Este punto merece toda nuestra lucidez como ayseninos, tenemos que aguzar el olfato. ¿De qué proyectos se trata? ¿Quiénes serán los verdaderos beneficiados y por cuánto tiempo? y ¿Cuál es el costo ambiental real a largo plazo?
No quisiera sonar a aguafiestas, pero Aysén tiene problemas no resueltos hace mucho tiempo, la salud es el número uno y quizá el más importante de todos. La falta de especialistas es una deuda no saldada en todo el país, pero se nota más en las zonas extremas. Ayer conversaba con una amiga de Arica y me contaba que sólo había seis dermatólogos para toda esa región, muchos dirán, pero bueno aquí en Aysén sólo hay uno.
Lo mismo, hace unas semanas me encontré con la noticia de que el único cardiólogo, especialista real y formado, que había en la región renunció. Me sentí viviendo un deja vu, porque hace tres años sucedía exactamente lo mismo, el único cardiólogo en Aysén se había ido, y los diagnósticos y la desesperación de los usuarios comenzaban a aumentar.
Es una realidad muy triste, sumado a la falta de conectividad que vive este territorio, se suma la gran angustia que produce en las personas no saber a quién recurrir cuando no hay respuestas frente a una enfermedad, porque quien debería ayudar a resolver esa incertidumbre no existe, o no está, se fue. Ahora me pregunto, por qué se van los especialistas que llegan a la zona, ¿no se sienten cómodos, no les gusta el entorno, o los anfitriones no les facilitan su labor en lo cotidiano, existen celos profesionales, envidias?
Pero no sólo faltan especialistas, como dijo alguien por ahí, faltan médicos, y eso es realmente muy grave. Encima y para trabar más el sistema se les ocurrió el Eunacom y Conacem, claramente el Colegio Médico no quiere perder el control, justificándose en que hay que resguardar la calidad de los profesionales. Sí, supongo que es esa misma calidad que tiene un profesional chileno que no se actualiza en años y permanece en el cargo aun siendo no idóneo para ejercer como especialista, porque realmente no se ha formado como tal.
Pienso que el bienestar y la vida de las personas deberían estar por encima de los celos y las rivalidades profesionales, incluso de la arraigada xenofobia hacia los profesionales extranjeros. Necesitamos resolver el problema ahora, pero con altura de miras, no con egoísmo. El problema de la salud en Chile, y particularmente, en zonas extremas como Aysén se ha transformado en una enfermedad crónica y por lo visto sin cura.



















