Universidad de Aysén, -
La Región de Aysén enfrenta importantes desafíos para avanzar hacia un desarrollo productivo más sostenible. Uno de ellos es encontrar nuevos usos para recursos que han perdido valor económico, pero que aún poseen un enorme potencial para contribuir al desarrollo regional.
Ese es el caso de la lana ovina.
Durante décadas, la producción ovina ha sido parte fundamental de la identidad y economía de la Patagonia. Sin embargo, la disminución de los precios internacionales, los altos costos de transporte y la competencia de fibras sintéticas han provocado que grandes volúmenes de lana permanezcan almacenados en predios rurales y centros de acopio. Lo que antes representaba una fuente de ingresos para los productores hoy constituye, muchas veces, un problema.
Frente a esta realidad surge una pregunta simple: ¿es posible transformar este residuo en una oportunidad para el territorio?
La respuesta comienza a construirse desde la investigación aplicada desarrollada en la Universidad de Aysén. Una línea de trabajo con fuerte vinculación territorial, liderada por los académicos de la carrera de Agronomía, Dra. Paulina Flores Ahumada y el Ingeniero Agrónomo Rodrigo Ojeda Rebolledo, junto a la estudiante tesista Alexia Oliveros Ruiz, permitió evaluar el potencial de la lana ovina como insumo para procesos de compostaje y mejoramiento de suelos degradados.
Los resultados demostraron que la incorporación de lana al compost mejora la calidad del producto final y aporta nutrientes esenciales para distintos tipos de suelo. En otras palabras, un material considerado por muchos como un desecho puede transformarse en una herramienta útil para fortalecer la fertilidad del suelo y apoyar una agricultura más sostenible.
Lo más relevante es que la investigación no quedó sólo en una tesis o en resultados de laboratorio. Durante 2025 y 2026, el equipo ha trabajado en la transferencia de esta técnica a localidades como La Junta, Puerto Cisnes, Mañihuales, Puerto Aysén, Coyhaique, Villa Cerro Castillo, Cochrane, Chile Chico y Tortel. Este trabajo se ha desarrollado junto a asociaciones campesinas, INDAP, PRODESAL, municipios, INIA y establecimientos educacionales, permitiendo que el conocimiento llegue directamente a las comunidades.
Esta experiencia refleja el verdadero sentido de una universidad regional: generar conocimiento pertinente y aportar soluciones a los desafíos del territorio. En tiempos donde la sostenibilidad y la economía circular son prioridades, iniciativas como ésta demuestran que muchas respuestas pueden surgir desde nuestras propias comunidades.
La Patagonia necesita más investigación conectada con su realidad, más estudiantes participando en la generación de conocimiento y más instituciones comprometidas con el desarrollo regional. Cuando la ciencia nace desde el territorio y trabaja junto a quienes lo habitan, sus resultados se transforman en oportunidades concretas para construir un futuro más sostenible para Aysén.




















