El juez degenerado

¿Qué haría usted si en una cena de camaradería, su colega y superior se insinúa con su hija de 6 años y le pregunta si puede probar posiciones sexuales con ella? De buenas a primeras, yo diría que lo mínimo es un par de buenas bofetadas a puño cerrado. Pero cuando se trata de un juez de la República todo adquiere un cariz bastante más delicado.
Sucedió en Arica, donde el juez Reynaldo Oliva, azuzado por un risueño subalterno, probablemente igual de estúpido y degenerado, comenzó con esta escena que bien podría interpretarse como un acoso sexual de un adulto hacia una menor, mediante su padre.
Es que no existen espacios para este tipo de "humor" con niños o niñas, ni, aunque se tratase de un juez de la Corte Suprema de Justicia.
Ante estos hechos y otros bastante vergonzosos de parte de algunos magistrados y magistradas, cabe preguntarse cómo cresta los eligen, dónde se consiguen ese criterio infame para elegir a estos personajes y ponerlos a impartir justicia. ¿Tendrá hijos este juez? ¿Estarán en peligro? Es legítimo hacerse estas preguntas cuando conocemos una narración tan aberrante como esta.
Quizás lo peor sea la reacción de su tribunal, que le impondrá solamente a modo de castigo una amonestación en su hoja de vida. O sea, e-so-no-se-ha-ce con unas palmaditas en el trasero. Una buena patada en el culo es lo que merece.
Tan cobardes y pusilánimes resultan los hombres de ese tribunal que cuatro de ellos se inhabilitaron y prefirieron honrar la amistad con la depravada señoría. De este modo, la acusación contra el magistrado quedó en manos de una corte iquiqueña.
Con arcadas termino de leer la funesta noticia y a continuación me desayuno con la escuálida condena que le dieron al abusador de niñas, Eduardo Macaya, padre del senador Javier Macaya, a ¡6 años!, ¡seis miserables años! por dos delitos de abusos sexual de menores.
¿Qué mas podemos pedir? NADA. En un país donde vemos a un juez de la República descargan miradas lascivas y masturbatorias con una niña de 6 años y no le pasa absolutamente nada, es muy poco lo que podemos esperar. Díganme si, frente a este desamor por niños y niñas, si frente a esta barbarie infantil, no dan ganas de abofetearlos hasta quedar exhaustos.