Orlando Baesler Heger, Arquitecto
Es de primordial importancia que la oposición al actual gobierno comprenda de una vez por todas que nuestro subcontinente americano, ha decidido, por voluntad expresa de sus habitantes intentar ingresar de lleno a un primer mundo lleno de crecimiento y desarrollo que lo proyecte definitivamente como modelo a seguir, igualando al menos los estándares de vida de la gran mayoría de los países de Europa y Estados Unidos.
Señalo lo anterior no porque tenga un especial interés en estudiar los bajísimos niveles intelectuales de nuestros actuales adversarios políticos sino porque un sistema democrático se basa y sustenta precisamente en la confrontación de ideas diferentes quedando, por último, la decisión final de su aplicación práctica en manos de los propios ciudadanos.
Se extrañan los tiempos en que las ideas y proyectos de los gobiernos se discutían junto a las ideas y proyectos de la oposición del momento para llegar, generalmente, a acuerdos o consensos.
Esta situación es imposible de repetir en nuestros días, ya que la oposición actual ,simplemente ,NO tiene proyecto que ofrecer al país y se encuentra permanentemente enfrascada en disputas internas ,acudiendo a frases cliché pasadas de moda y repetidas hasta el cansancio a fin de convencer a la comunidad de apoyar nuevamente fórmulas antiguas que reconocidamente han fracasado en el mundo entero o han arruinado países en forma irreversible.
Estamos enfrente de antiguas ideologías que siguen ofreciendo "justicia social" sin saber lo que significa y proponiendo utópicas igualdades a personas que solo quieren trabajar, progresar y diferenciarse, a fin de no formar parte una masa vociferante que inevitablemente resulta utilizada para satisfacer solamente intereses políticos personales .
El presidente Lula, otrora icono de las fuerzas populistas más intransigentes, declaró sin arrugarse que él nunca había sido de izquierda y lo mismo intentó hacer la ex candidata presidencial Jara al señalar que ella estaba pensando en renunciar al comunismo.
Aparentemente nadie quiere asumir el rol de panteonero.






















