Columnista, Colaborador Ayer, conversando con Don Carlos, vecino de Villa Frei, me comentó algo que no había considerado. Hablábamos de economía, empleo y de la facilidad con que buscamos responsables cuando las cosas se complican. En un momento me dijo: "Mire, don José, cuando uno compra una casa usada y descubre una gotera, puede reclamarle al que vive ahí ahora, pero también tiene que preguntarse cuánto tiempo llevaba malo el techo". Lo dijo con tanta simpleza que me dejó pensando. A veces una conversación de barrio explica mejor un problema que largos debates.
La crítica es necesaria. Una democracia necesita ciudadanos que pregunten, autoridades que expliquen y periodistas que incomoden cuando corresponde. Pero también necesita memoria. No todos los problemas comienzan con el gobierno que los enfrenta ni todas las soluciones producen resultados inmediatos.
El Informe de Política Monetaria de septiembre del Banco Central redujo la proyección de crecimiento para 2026 a un rango de 0,25% a 0,75% y señaló que el mercado laboral continúa débil, con una tasa de desocupación de 9,5%. Entre los factores aparecen la desaceleración de la demanda interna, una menor producción minera, condiciones climáticas adversas, el alza de los combustibles y debilidades posteriores a la pandemia.
Por eso conviene evitar explicaciones fáciles. Sería incorrecto atribuir todo a unos pocos meses de administración. Del mismo modo, gobernar implica hacerse cargo de la realidad recibida y trabajar sobre ella.
Margaret Thatcher expresó en 1975 una idea que trasciende épocas y posiciones políticas: "los problemas no se solucionan ignorándolos, sino enfrentándolos, analizando sus causas y proponiendo soluciones". Años después, ya como primera ministra, reconocería también que corregir problemas desatendidos durante años requiere tiempo.
Ambas ideas pueden convivir. Quien se presenta para gobernar no llega a descubrir las dificultades de un país. Aspira a conducirlo porque sostiene que posee diagnósticos y propuestas para enfrentarlas. Pero tampoco resulta razonable esperar que problemas acumulados durante años desaparezcan en semanas o meses.
El propio Banco Central proyecta que la economía recupere impulso durante 2027. Eso no constituye una garantía, sino una proyección sujeta a riesgos e incertidumbres. La tarea de las autoridades será transformar esas expectativas en resultados y explicar qué se está haciendo, los plazos y cómo se evaluarán los avances.
Quizás allí exista una responsabilidad compartida. El Gobierno debe informar y rendir cuentas. La oposición debe fiscalizar y proponer. Quienes gobernaron deben explicar sus decisiones. Y quienes opinamos desde fuera debemos procurar que nuestras críticas aporten algo más que indignación.
El periodismo tiene una tarea fundamental: preguntar a todos. Al que gobierna hoy y al que gobernó ayer. Al que propone una solución y al que debe ejecutarla. Preguntar aunque incomode, porque la verdad rara vez cabe completa en una sola versión. En tiempos en que muchas personas confían más en un video de TikTok que en una investigación periodística, el desafío es recuperar credibilidad, profundidad y sentido crítico. De lo contrario, el periodismo corre el riesgo de quedar relegado frente a unas redes sociales que informan rápido, pero no siempre bien.






















