Como en los peores tiempos del nazismo, la derecha chilena nuevamente utiliza herramientas propias de los regímenes totalitarios para amedrentar, instalar mentiras, y favorecer a un sector que históricamente ha protegido el capital de los poderosos y la segregación por clases. Un sector que jamás ha querido mezclarse con las capas populares, una derecha que se apropió absolutamente de todos nuestros derechos a partir del saqueo de la dictadura en la repartija que hasta hoy nos tiene en un calamitoso estado de desigualdad social.
Una imagen del presidente Gabriel Boric con la camisa desabotonada bastó para que algunos infames, como el candidato José Antonio Kast, echará a correr una gran mentira: el presidente circulaba borracho por las calles de la capital. ¿Se puede ser tan infinitamente estúpido de pretender que el mandatario se va a mostrar de tal modo público? El Gobierno lo llamó "irresponsable", pero no es otra cosa que un siniestro malintencionado. La mentira como herramienta política es muy antigua y la derecha chilena tuvo una destacada actualización durante los músculos años 70 y 80. La reta Isla de mentiras que propagó durante 17 años la dictadura, fue siempre, sin excepción, secundada por la Centro derecha, la derecha, y la ultraderecha. Y eso ocurre hasta hoy: muchas de esas mentiras siguen saliendo de esas bocas que apestan a azufre.
El presidente tuvo que salir a desmentir. Bien podría querellarse por injurias y calumnias, pero ya sabemos que los tribunales los manejan desde, por estos días, el domicilio donde permanece bajo arresto el soez abogado Luis Hermosilla, antes el anexo cárcel capitán Yaber. Y al candidato de ultraderecha no le pasará absolutamente nada porque el poder acumulado le basta para seguir mintiendo en una campaña que promete saltarse todas las reglas.
Evelyn Matthei no lo ha hecho nada de mal; compulsivamente ha estado mintiendo sin ninguna vergüenza, con periodistas genuflexos que frente a sus evidentes falacias no hacen más que mover lento la cabecita, obedientes a sus editores. Para los que tienen mala memoria, en 1992 la ahora candidata negó haber recibido las cintas de audio (obtenidas bajo espionaje) en las que Sebastián Piñera la trataba como "cabra chica" y complotaba para su caída. Pero resulta que Evelyn sí había recibido las cintas. Tuvo que renunciar a Renovación Nacional y a su precandidatura presidencial. Por mentirosa.
Años más tarde, Evelyn fue sindicada como participante en la creación de un video que intentaba acusar de drogadictos a los políticos Juan Carlos Latorre y Andrés Allamand. La derechista insistió en sus afirmaciones y continúo mintiendo, a pesar de que el exministro de Pinochet, Francisco Javier Cuadra, fue condenado por ese montaje, bajo la Ley de Seguridad del Estado.
¿Vamos a elegir a otro mentiroso? A Piñera solíamos pillarlo, pero como buen millonario sabía que podía decir lo que se le cantara. El pasado de la derecha en Chile es profundamente despreciable y mientras el sector encuentra comunistas hasta debajo de la cama, el pueblo conoce de sobra quiénes son, quiénes fueron, y dónde estaban cuando el país se hundía en sangre y robos. La respuesta es una sola: fueron cómplices. Hasta su líder, Sebastián Piñera, lo dijo clarito cuando gobernaba. Dijo cómplices pasivos, aunque ya sabemos que fueron más cómplices que pasivos.
Pero las mentiras no terminaron con la dictadura. Ejemplos sobran. El niño símbolo de los chamullos o bulos de la derecha es Felipe Kast, senador que tuvo el descaro cruel de afirmar que Camilo Catrillanca se enfrentó a carabineros y por eso resultó muerto. Ahora todos sabemos que fue asesinado por la policía. Esta canallada fue amplificada por el RN Carlos Larraín.
Años después, hace poco, durante los bochornosos procesos constituyentes, Kast aseguró en una entrevista que el borrador constitucional de la primera propuesta permitiría el aborto hasta los nueve meses. Otra mentira.
El propio Piñera contó a un medio extranjero que en La Araucanía "se estaban quemando iglesias con mujeres y niños dentro". No le pasó absolutamente nada con ese horrible delito. Todo bien nazi.
Podríamos seguir eternamente porque las mentiras de la derecha no caben en ninguna parte y es bueno ventilarlas con ahínco en un año electoral.