Rosa Pesutic Vukasovic, Secretaria de Finanzas Regional Aysén del Partido Comunista de Chile
En el artículo anterior hacía referencia a que en la historia reciente el mes de septiembre ha sido un camino de dos extremos, con un inicio de flores y un final de fuego.
El inicio fue el 04 de septiembre de 1970 cuando resulta vencedor Salvador Allende en los comicios presidenciales iniciándose la florida primavera.
Pero tanto beneficio para el pueblo molestó a los que se creían dueños de Chile y la maquinación para destruirlo todo tuvo su punto culmine el 11 de septiembre de 1973.
Comienza la historia de fuego.
Las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile pusieron en acción un plan perfectamente armado y sincronizado, que, en palabras de Allende, demostraron la felonía, la cobardía y la traición de sus perpetradores.
Comenzaron controlando el puerto de Valparaíso y con la Operación Silencio acallando las radiodifusoras afines a la Unidad Popular que unían el puerto con la capital. Más tarde bombardearían antenas radiales en distintos rincones del país. Vehículos blindados cargados de armamento rodearon La Moneda.
El ministro de Defensa, Orlando Letelier, es detenido en su oficina por el general Sergio Arellano (el mismo de la fatídica Caravana de la Muerte) y dispone su traslado al Regimiento Tacna. Se convierte así en el primer detenido del 11 de septiembre del '73.
Antes de ser acallada la radio Corporación se escucha la firme voz de Allende decir: "¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo! Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente".
El Presidente es conminado a renunciar y abandonar el Palacio, pero la respuesta es la de un hombre digno, justo, leal a la Constitución y las leyes, que siempre actuó en beneficio de los trabajadores. Su último discurso, transmitido por radio Magallanes, es un testamento político, histórico y moral que se re escucha constantemente en distintos lugares del mundo. Se constituye en un legado ético pronunciado en medio de un cruento golpe de Estado, es una despedida, pero con esperanza cuando dice "mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor".
Minutos después es bombardeada, destruida e incendiada La Moneda.
A las 14:00 horas el general Palacios dice "Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto".
Pero se equivoca ese general, Allende no ha muerto. En su último discurso lo dijo: "Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria".
El legado de Allende está presente en Chile y en más de 40 países donde avenidas, hospitales, plazas, parques, escuelas, llevan su nombre.
Con legítimo orgullo y también con renovado optimismo decimos:
Presidente Salvador Allende: ¡Presente! ¡Ahora y Siempre!





















