Manuel Álvarez Lucero, Antropólogo
¿Siente que nada es como antes?, ¿Siente que el tiempo pasa demasiado rápido?, vivimos tiempos complejos y raros, ignoramos que cambiamos de realidad todas las semanas. Al parecer el universo se actualiza en segundo plano, como el sistema operativo de tu teléfono, sin pedir permiso y rompiendo las aplicaciones que ya funcionaban. Es una actualización de software existencial.
El famoso CERN - Organización Europea para la Investigación Nuclear - es el laboratorio de física de partículas más grande del mundo. Su objetivo principal es estudiar los componentes fundamentales de la materia y las leyes que rigen el universo. Está ubicado en la frontera entre Francia y Suiza, cerca de Ginebra y alberga el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), un anillo subterráneo de 27 kilómetros donde se hacen chocar partículas casi a la velocidad de la luz.
Este colisionador parece que trae muchos efectos sobre nuestra realidad. Creemos que el pasado está escrito en piedra. La física cuántica se ríe de esto. Si el observador altera lo observado, tal vez nuestra memoria colectiva no esté recordando el pasado, sino saboteándolo.
Este grupo de científicos en Ginebra, encerrados en un túnel circular de veintisiete kilómetros, decidió que era una excelente idea chocar protones a la velocidad de la luz para ver qué pasaba. Activaron el Gran Colisionador de Hadrones buscando la "partícula de Dios" y, en el proceso, nos alteraron el mapa de la realidad sin decirnos nada.
La física oficial nos dice que el CERN busca entender el origen del universo, recrear los instantes posteriores al Big Bang y descifrar la materia oscura. Suena noble, sofisticado, pero la sospecha popular, esa que viaja por los callejones más oscuros de internet, cada vez que esa máquina se enciende, el tejido del espacio-tiempo se deshilacha un poco, nos deslizamos, sin notar el bache, hacia la dimensión de al lado.
Esta hipótesis de ciencia ficción es la única explicación sensata para el desorden cósmico en el que vivimos, imaginen la escena en la sala de control de Ginebra, donde un físico distraído tropieza con un cable, tira su café sobre la consola principal y genera un micro agujero negro que absorbe nuestra antigua línea temporal. Para disimular el error ante los jefes, los científicos reescriben el pasado sobre la marcha. "Nadie notará los cambios", piensa mientras reinicia el sistema operativo de la existencia. Es una actualización de software universal hecha a la carrera, con errores de código que se manifiestan en nuestra memoria colectiva.
Vivimos bajo la tiranía de la ciencia oficial que nos explica que el "Efecto Mandela" es solo un sesgo cognitivo, un fallo del cerebro que edita recuerdos borrosos con datos lógicos. Falso.
Somos sobrevivientes de un experimento suizo que salió de control y nos arrojó a una realidad de segunda categoría, donde todo cambia misteriosamente. La ironía es absoluta. Cambiamos de dimensión un martes cualquiera por la tarde mientras pagamos las cuentas o vemos televisión.
El CERN sigue operando, buscando portales y dimensiones extrañas. La próxima vez que no encuentres las llaves donde juraste haberlas dejado, no culpes a tu mala memoria. Es muy probable que los científicos del colisionador hayan vuelto a encender la máquina, cambiándote a una casa idéntica en el multiverso, pero tres centímetros más a la izquierda.
No dejes que Wikipedia te diga cómo era tu mundo. Podría ser que tu memoria falle, sí. Pero es mucho más divertido pensar que eres un viajero inter dimensional atrapado en una realidad de segunda categoría, solo mantente alerta. Mañana podrías despertar en un mundo donde el cielo es verde y todos insistan en que siempre ha sido así. Y tendrás que fingir que no te diste cuenta.






















