Columnista, Colaborador Jeannette Jara Román, la candidata de "Unidad por Chile" que representaba a la coalición de centro izquierda y el progresismo, perdió en el balotaje frente al candidato republicano.
El resultado fue categórico, por Kast votaron 7.225.021 personas, lo que equivale al 58,18% de los votos. Por Jara votaron 5.192.708 de personas, el 41,82% del total. Así que por los próximos 4 años habrá un gobierno conservador, de ultraderecha.
Esos son hechos. Los análisis, las recriminaciones, las proyecciones, consecuencia de esos hechos, ocuparán a los integrantes de la coalición por un tiempo hasta que lo urgente haga olvidar lo importante.
Se cumplió lo que ha estado ocurriendo en Chile en las últimas elecciones, tal es la alternancia en el poder entre dos concepciones ideológicas: de centro izquierda o de centro derecha. Claro que esta vez no se puede considerar al nuevo gobierno como de la derecha tradicional, es mucho más ultra y muy conservador. Estilo Milei en Argentina, Orbán en Hungría, Trump en el país del norte, por nombrar algunos.
Los casos mencionados tienen en común llegar a la gente con un discurso sencillo (vacío), emocional, con rasgos populistas, anti intelectualismo, que niega la ciencia y la historia (anti vacunas, ensalzando dictadores como Pinochet, etc). Un discurso que moviliza a las masas que, absorta en lo inmediato, adopta los mensajes de 30 segundos que llegan repetidamente, como slogan y que no requieren mayor análisis.
Eso prende en momentos de crisis (reales o aumentados), como los ya eternos problemas en atención de salud, la delincuencia, la escasez de viviendas y otros.
Pero Chile es un país que no se cae a pedazos, se destaca en América Latina como un país de altos ingresos, que en las últimas décadas ha logrado un crecimiento económico sostenido, con reducción de la pobreza y expansión de la clase media. Para mostrar esos logros se debió superar la dictadura y fortalecer la democracia.
La misma que ahora puede estar en riesgo con un gobierno que alza la motosierra en un claro signo de derribar todo y partir de cero. Sería repetir lo que ocurrió con la dictadura civil militar de Pinochet, cuando Chile se convirtió en "el picnic de los buitres".
No se puede abandonar lo logrado, como los derechos de las mujeres, de las disidencias sexuales, las 40 horas laborales, la PGU, entre otros.
Más de 5 millones de personas demostraron en las urnas que abrazan el progresismo como forma de convivencia democrática, con igualdad, derechos humanos, justicia social, participación ciudadana. Ninguna/o quiere retroceder en derechos, que por lo demás benefician a todos, no solo a los que votaron por Jara.
Resulta paradójico que en aras de la libertad y la seguridad se haya elegido precisamente a quien no cumplirá esas expectativas, porque con él el futuro es distópico, con deshumanización, pérdida de libertad, degradación ambiental y otras situaciones indeseables.
Por eso Chile dice: ¡Lo conquistado se defiende!




















