Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida
Seguimos chuteando hacia adelante el tema que teníamos, al igual que la semana pasada. Y eso, porque seguimos lacrimosos; por desgracia no faltan los motivos. Cuando estábamos superando el incendio de la Comarca Andina y ya pensábamos que en Chile este verano nos salvábamos de los megaincendios, surgieron varios a la vez, con decenas de muertos y miles de damnificados. Ya parecen ser parte normal del verano. ¡Esperamos no lo sean acá en Aisén! ¡En buena medida, de nosotros depende!
A esas noticias tristes, se sumó la partida del cantante activista indígena patagonico, Rubén Patagonia, a quien tuvimos la suerte de conocer en los 80s o 90s acá en Coyhaique. Fue todo un acontecimiento memorable, del cual sentimos mucho no tener registro. Y ahí donde falleció, Comodoro, también viven su tragedia y falta de prevención con el desplazamiento de un cerro.
De los tehuelches, se menciona que a veces empleaban el fuego para cercar su caza. En todo caso, en Chile, históricamente, los incendios de bosque los empleaban los españoles para desalojar a los mapuche. Luego, las quemas fueron famosas para despejar terreno para la colonización en la zona de Los Lagos y en las islas de Aisén para explotar ciprés. Y claro, de ahí pasamos a la colonización de Aisén, con el famoso record de trescientos mil hectáreas quemadas. De que sepamos, esta historia de despejar quemando bosque para la ganadería en el continente de Aisén los inició la Sociedad Industrial de Aisén, dando el ejemplo. De ahí fue el Estado el que los incentivo para despejar campos con sus "leyes de quema".
En los tiempos modernos, aún quedan resabios de esa época con prácticas parecidas; despejes y roces a fuego para ganadería, la absurda quema de rastrojo, quemas para plantar monocultivos de pino y eucaliptos subvencionados por el Estado y seguramente también para otros usos, como aquel inmobiliario.
En su tiempo le echaban la culpa, cuando se les escapaba el fuego, al florecimiento de la quila y hoy es palpable el calentamiento global -cambio climático de por medio; ese que algunos aun niegan. En todo caso, en esto de los incendios se conjugan varios factores, la extrema sequedad y calor, los monocultivos propensos al fuego, el descuido o irresponsabilidad humana, los desquisiados mentales y posiblemente la intención de despejar terreno. En el caso de Penco, ahí es sabido que hay interés minero de tierras raras de por medio.
Por otra parte, llama la atención de cómo van ya varios de estos incendios que queman hasta poblaciones y barrios enteros, con decenas de muertos y cientos de damnificados, más altos costos para las arcas fiscales. Y que cada vez se sacan lecciones y sin embargo al año siguiente volvemos a lo mismo. A esas plantaciones secas al lado de ciudades sin siquiera cortafuegos y falta de prevención y medios para apagar. Para remate, el combatir incendios de noche es complicado al no poder utilizar buena parte de los medios, lo cual pareciera ser parte de la estrategia incendiaria, al igual que la simultaneidad de focos. Y mientras tanto, la ley antiincendios no avanza en el Congreso (dicen la tiene trancada la futura ministro, aún senadora X. Rincón), el modelo forestal es intocable y el nuevo ministro de hacienda anuncia liberalizar (aún más) el suelo. Suelo, que si se previniese su uso en planes reguladores urbanos e intercomunales, de ese urbanismo y planificación territorial preventiva prácticamente desaparecidos en nuestro país y modificase el modelo forestal a los condicionamientos actuales, a lo que se opone el oligopolio forestal, o al menos esas empresas cumpliesen la normativa ya existente, probablemente otro gallo cantaría. Definitivamente, en este país hay sectores intocables, cuyos negocios están hasta por sobre las vidas humanas, para que hablar de biodiversidad, áreas protegidas y el bien común. Y esto a vista y paciencia de toda una nación.
Desde acá, además, nos sumamos en enviar nuestra solidaridad a las víctimas de estas catástrofes y modus operandis.



















